Hace algún tiempo programamos un viaje a Pittsburgh para reunirnos con la familia de í“scar mi hijo y esta oportunidad ha coincidido con la presencia en esta ciudad norteamericana de los principales líderes mundiales que conforman el Grupo de los 20 quienes, junto a sus ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales, abordarán los temas de la crisis económica y seguramente reafirmarán su compromiso con la reactivación que ha dado algunos resultados positivos.
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Pittsburgh fue conocida como la ciudad del acero porque aquí estaban fincadas las más grandes instalaciones de la industria norteamericana del acero, pero desde los años ochenta se produjo la crisis que obligó al cierre de esa impresionante planta industrial, lanzando al desempleo a cientos de miles de personas. Durante unos pocos años la ciudad pareció languidecer porque no lograba salir del embrollo provocado por el cierre de las plantas acereras, pero poco a poco fue encontrando un nuevo rumbo y hace unos años el presidente Bush la llamó la ciudad del conocimiento dada la importancia de las muchas universidades que funcionan aquí.
En una nota publicada hoy por Prensa Libre dice que hoy el acero que distingue a Pittsburgh es el que despliegan los numerosos utensilios que utilizan los médicos del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, UPMC, una de las mayores corporaciones de salud de los Estados Unidos y del mundo, en cuyo centro de cardiología trabaja mi hijo í“scar.
Y platicando con gente que vive aquí, puedo ver que existe una profunda división al evaluar el impacto que esta cumbre tendrá para la ciudad. Mientras unos piensan que la exposición mundial de Pittsburgh derivada de la presencia de los líderes de 20 importantes países de todos los continentes puede ser importante para la ciudad, otros se quejan del gasto en que ha incurrido el ayuntamiento y de las molestias que causa la seguridad necesaria para proteger a los jefes de Estado y otros funcionarios que hoy están arribando para participar en la cumbre que, como siempre ocurre, ha atraído a una gran cantidad de militantes de grupos ambientalistas y contrarios a la economía globalizada, quienes organizan muy peculiares formas de protesta y tienen entre sus blancos preferidos comercios como Starbucks y Banana Republic, que han tenido que cerrar sus puertas para evitar agresiones.
Un amigo abogado que tiene su oficina en la periferia del triángulo que las autoridades cerraron para proteger a los visitantes tuvo que cerrar su oficina desde ayer y los colegios también cancelaron clases en previsión no sólo de disturbios, sino de los problemas de movilización por el cierre de muchas calles por donde pasarán los dignatarios. Decía que como él hay mucha gente que tiene que seguir cubriendo sus gastos sin generar ingresos y que la prensa dará más importancia a la cobertura de los incidentes con los manifestantes que a las indudables bellezas de esta ciudad que es un ejemplo de protección ambiental y que tiene edificios que son calificados de totalmente verdes por la forma en que no sólo administran sino generan energía. El tiempo dirá si Pitt obtiene beneficios de la cumbre o se queda con el recuerdo de las molestias.