Hace días recibí un correo electrónico de mi buena amiga, la abogada Xiomara Carranza, quien señala que la empresa de telecomunicaciones, Telgua, ha impuesto un nuevo sistema de cobros indebidos. Dice que últimamente cuando se llama a una línea fija, no celular, y el teléfono está ocupado en lugar de sonar el tono intermitente que siempre se producía ahora automáticamente se va a un buzón de mensajes en donde se escucha la desagradable voz de la operadora similar a la grabación del buzón de mensajes de celular. Eso significa que cobrarán la llamada que se realizó a una línea ocupada.
La licenciada Xiomara recuerda que hace unos años se le prohibió a las empresas telefónicas el cobro por llamadas a números que estaban ocupados. Ahora se las ingeniaron enviándolas a un servicio de mensajería de voz que automáticamente se habilitó a todos los teléfonos de la red física de Telgua sin consentimiento de los titulares de las líneas.
Yo comparto el criterio de la licenciada Carranza en el sentido que hay que poner un freno a los abusos de la citada empresa y, en este caso concreto ella sugiere desactivar el servicio llamando al Departamento de Servicio al cliente de Telgua o marcando #60# puesto que se trata de un servicio de cobros indebidos que se impuso sin consultar a los usuarios.
Por supuesto que hay muchos cobros más que esa empresa de teléfonos aplica constantemente a sus abonados, como por ejemplo las llamadas fantasmas a celulares que aparecen en las facturas y que los usuarios no han realizado. Apenas el lunes pasado, mi buen amigo y colega periodista Eduardo Villatoro, denunció en su habitual columna del Diario La Hora el calvario que ha tenido que pasar para la rehabilitación de su servicio telefónico. Con la lectura de ese artículo no quedan dudas que muchas de las llamadas que se cargan a los usuarios pueden ser efectuadas por los mismos empleados de Telgua pues saben como manipular las líneas en las cajas que están ubicadas en las calles.
Cada vez que se producen denuncias sobre estos atropellos en contra de los usuarios de Telgua, es fácil llegar al convencimiento que los servicios básicos como el telefónico no deben ser más un negocio privado, sino un servicio público y que por ello se justifican medidas como la que adoptó la semana pasada el presidente de Bolivia, Evo Morales, al nacionalizar la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, Entel, que de esta manera vuelve a manos del pueblo boliviano. La privatización de la empresa de teléfonos en Guatemala durante el gobierno del acaudalado empresario ílvaro Arzú no sólo fue un despojo del patrimonio del Estado sino un retroceso, puesto que los servicios básicos tienen que ser del pueblo.