La coalición encabezada por el cristiano-demócrata flamenco Yves Leterme acordó hoy el programa de gobierno que aplicará a partir del jueves en Bélgica, cuando asuma el poder en un país aún dividido por la grave crisis política de 2007.
Tras discusiones que se prolongaron toda la noche, los negociadores de los tres partidos de lengua francesa y las dos fuerzas flamencas que forman la coalición aprobaron «un buen acuerdo de gobierno, con medidas equilibradas», indicó Leterme.
Este carácter «equilibrado» también fue subrayado por dirigentes de los otros partidos de la coalición, que asumirá nueve meses después de las elecciones legislativas de junio pasado.
Las discusiones finales abarcaron cuestiones de políticas migratoria, social, de justicia y salud.
Este acuerdo «permitirá que haya más poder de compra y más solidaridad», dijo el líder del Partido Socialista francófono, Elio Di Rupo, ya que pondrá el acento en mejorar los salarios más bajos, las jubilaciones y ciertas ayudas sociales.
En el área de la inmigración, «vamos a ocuparnos de regularizar a las personas que tienen un fuerte anclaje local», con un contrato o una familia en Bélgica, indicó otra socialista, Laurette Onkelinx.
El acuerdo incluye medidas judiciales para endurecer las condiciones de libertad condicional para los casos más graves, explicó el líder del Movimiento Reformista (MR, liberal), Didier Reynders.
Ahora Leterme y los presidentes de los otros partidos sólo deben ponerse de acuerdo en el reparto de carteras antes de que el gobierno preste juramento el jueves en el Palacio Real.
Si el perfil del nuevo gobierno no será muy diferente del actual gabinete «interino» que administra el país desde diciembre, tendrá un gran ausente: el saliente primer ministro, el liberal flamenco Guy Verhofstadt, que se tomará un «año sabático» tras nueve en el poder.
Entre las misiones del nuevo gobierno estará la de buscar un nuevo equilibrio entre el gobierno federal y las tres regiones -Flandes (norte), Walonia (sur) y Bruselas- que componen el complejo sistema institucional belga.
El objetivo es hacer convivir en armonía a los flamencos de lengua holandesa (60% de los 10,5 millones de belgas), que reclaman más autonomía, y los francófonos (40%), que quieren mantener un poder central fuerte.