Clinton, Gore y Obama


Eduardo-Blandon-Nueva

Soy un fanático de la literatura autobiográfica quizá como herencia por mi gusto por el género hagiográfico.  Por esa razón, me leí con fruición el largo libro escrito por Bill Clinton (1145 páginas), titulado Mi vida, en el que relata con detalle sus largos ocho años de gobierno en la potencia del norte.  En el texto, entre tantas cosas que se dicen, hay hacia Al Gore, su vicepresidente, palabras siempre de estima, elogios, solidaridad y mucha gratitud.  Se evidencia el buen ánimo de Clinton con un amigo que él califica más de un vez como “leal”.

Eduardo Blandón


Pero los tiempos cambian y no necesariamente para verlos hoy enfrentados como adversarios, pero sí divididos si de apoyo a Barack Obama se trata.  La prensa subraya precisamente en estos días la desazón o el poco entusiasmo que le genera Obama al titán del tema ambiental y también Premio Nobel de la Paz, Al Gore.  Si bien, Gore apoyó con energía la primera candidatura de Obama con palabras cargadas de esperanza, ahora todo hace suponer que el entusiasmo se apagó.
 
Así, mientras hace cuatro años en plena carrera electoral decía que “tenemos ahora todo lo que se necesita para empezar a resolver la crisis del clima.  Todo excepto un presidente que nos inspire a creer que ‘sí se puede’”.  Ahora un Gore decepcionado afirma que “el presidente Obama nunca ha explicado a los norteamericanos la dimensión e importancia de la crisis climática.  No ha defendido la ciencia contra los ataques deshonestos”.

No debe extrañar que como producto de esa crítica, Obama haya preferido no invitarlo recientemente a pronunciar ningún discurso en la convención demócrata de Charlotte, en Carolina del Norte.  De repente muy precavidamente para que no se hable de un tema que puede ser incómodo para el candidato que quiere reelegirse.  De hecho, los ecologistas le reprochan a Obama la falta de políticas audaces en materia de cambio climático.

 Por el contrario, Clinton ha hecho gala de buen orador y no ha hecho sino elogiar a Obama.  Proponerlo como el único candidato que puede llevar a los Estados Unidos hacia la superación de la crisis e incluso hacia el progreso y edad dorada que todos los americanos quisieran ver. 
 
Paul Krugman, el famoso profesor de Economía de Princeton y premio Nobel, ha confirmado el éxito retórico del ex presidente norteamericano al afirmar que “el discurso de Bill Clinton en la Convención Nacional Demócrata fue una excelente combinación de análisis técnico bastante serio y de ocurrencias memorables.  Quizá una de las mejores fue su sarcástico resumen del argumento republicano para rechazar la reelección del presidente Obama: ‘Le dejamos un desastre total, y no lo ha arreglado con la suficiente rapidez. Por eso despídanle y póngannos de nuevo en el poder’”.

Supongo que la disparidad de opinión que tanto Clinton como Gore tengan alrededor del tema Obama, no sea motivo suficiente para la extinción de una amistad cultivada por decena de años.  Pero confirma quizá que Obama no la tiene tan fácil como la primera vez y que debe bregar muy intensamente para convencer a tantos seguidores ahora decepcionados de su aparente tímida gestión.