La crisis financiera y la desaceleración económica que ésta provoca amenazan las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, aunque algunos especialistas se aferran a la idea de que el «crecimiento verde» podría ayudar al mundo a salir de la encrucijada.
«Es más fácil limar las divergencias (entre países en la mesa de negociación) con un crecimiento fuerte que con un crecimiento débil», admite Jean-Charles Hourcade, director del Centro Internacional de Investigación sobre Medio Ambiente y Desarrollo, con sede en París.
La reacción ante el cambio climático exige medidas a largo plazo, pero el calendario de las negociaciones es muy ajustado. El objetivo es alcanzar en diciembre de 2009 un acuerdo que reemplace al protocolo de Kioto (2008-2012) con tiempo suficiente para que sea ratificado por todos los países antes de 2012 para evitar un vacío.
Pero algunos de estos mecanismos son muy costosos, como por ejemplo la lucha contra la deforestación en los países en vías de desarrollo.
El terremoto bancario que sacude a Estados Unidos ocurre pocos meses antes de un cambio de inquilino en la Casa Blanca, que suscita esperanza en medios ecologistas tras años de obstinado rechazo por la administración de George W. Bush a la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero.
Al mismo tiempo, el objetivo europeo de reducir un 20% sus emisiones antes de 2020 respecto de los niveles de 1990 necesita instrumentos financieros que algunos países de la Unión Europea (UE) se resisten a aceptar en un contexto de austeridad presupuestaria.
Sin embargo, subrayan los especialistas, ha progresado considerablemente la comprensión de la importancia y del «coste» del cambio climático, que el economista británico Nicholas Stern calculó en más de 5,5 billones de euros (7,6 billones de dólares).
«Tengo esperanza, porque tenemos ejemplos que muestran que la inversión en el medio ambiente es una oportunidad más que una carga. Estos ejemplos no existían hace diez años», afirma Olivier Schaefer, del Consejo Europeo de Energías Renovables, con base en Bruselas.
Los expertos en medio ambiente ven así en la crisis financiera una oportunidad de oro.
«Necesitamos un nuevo pensamiento económico que reconozca que las cuestiones económicas y financieras y las del clima están estrechamente relacionadas», considera Terry Barker, director del Centro de Investigación sobre la Lucha contra el Cambio Climático de la Universidad de Cambridge.
En su opinión, liberar a la economía de su dependencia del petróleo y el gas es «la respuesta a la crisis financiera, porque para lograrlo, necesitamos un programa de inversión masivo».
«Si luchamos contra nuestros reflejos», la crisis financiera puede provocar un electrochoque y permitir reorientar las inversiones hacia «una especie de plan Marshall» a favor del clima, agrega Hourcade.
La mayor crisis de extinción de especies desde la desaparición de los dinosaurios sacude actualmente al planeta, según los expertos que a partir del domingo se reúnen en Barcelona en el congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Unos 8 mil participantes -entre científicos, ministros de Medio Ambiente y ecologistas- deben participar en el cuarto congreso de la mayor red de recogida de información medioambiental, del 5 al 14 de octubre.
El declive acelerado de la biodiversidad provocado por el hombre, directa o indirectamente, centrará los debates.
La UICN publicará el lunes una muy esperada «lista roja» de las especies en peligro de extinción, que debería confirmar la gravedad de la crisis actual.
Esa lista, publicada cada año y considerada la evaluación más fiable del estado de las especies en el planeta, se alarga peligrosamente.
En 2007, cerca de 200 nuevas especies se sumaron a la lista de 16.306 especies amenazadas de extinción. La UICN vigila la evolución de 41.415 especies de entre las 1,9 conocidas en el mundo.
En términos generales, un mamífero de cada cuatro, un ave de cada ocho, un tercio de los anfibios y 70% de las plantas están en peligro.
Un total de 785 especies ya están totalmente extinguidas y 65 sobreviven únicamente en cautiverio o en estado doméstico, según la UICN.
Los delegados, reunidos en Barcelona, analizarán la evolución de esta crisis de biodiversidad y propondrán planes de acción para intentar remediarla.
«El número de especies disminuye en la Tierra y la velocidad de su desaparición aumenta muy rápidamente, lo que nos hace hablar de la sexta gran extinción», afirma Jean-Patrick Le Duc, del Museo Nacional de Historia Natural francés. La precedente extinción masiva remonta a la desaparición de los dinosaurios.
Los defensores de la biodiversidad abogan por salvar un máximo de especies en virtud del principio de precaución.
«Ninguna especie es banal, cada una es el producto de millones de años de evolución y juega un papel en el ecosistema», subraya Wendy Foden, responsable del programa sobre cambio climático y especies en UICN.
Los científicos defienden así la creación de vastos espacios naturales protegidos.
La erosión de la biodiversidad está provocada por la combinación del crecimiento urbano, la contaminación, el cambio climático, los conflictos armados o la sobreexplotación de los recursos.
La UICN debería aprovechar la relevancia pública que ofrece este congreso, organizado cada cuatro años, para sensibilizar a los políticos y a la opinión pública sobre cuestiones medioambientales.
Sólo la cumbre mundial sobre el desarrollo sostenible de Johanesburgo en 2002 había reunido más participantes, según los organizadores del congreso de Barcelona.
La UICN, una organización atípica creada el 5 de octubre de 1948 en Francia, con sede en Suiza, reúne a más de mil miembros -representantes de 80 gobiernos y de 800 ONGs- y a unos 10.000 científicos voluntarios.