Claman por depuración de la Policí­a


Baltazar Gómez, Nelly Bonilla y Fernando Carrillo fueron capturados el martes por su presunta implicación en el tumbe de drogas en Amatitlán en abril del año pasado. FOTO LA HORA: JOSí‰ OROZCO

La detención del máximo responsable de la policí­a de Guatemala y de otros dos jerarcas en ví­speras de la visita de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, para hablar de lucha contra el narcotráfico, ha levantado un clamor general para que se depure a esta institución.


Sectores polí­ticos y sociales coinciden en que el desmoronamiento de la fuerza pública, creada en 1997, se debe a que muchos de los agentes provienen de las cuestionadas fuerzas de seguridad que operaron durante el conflicto armado guatemalteco (1960-96), a menudo implicadas en grupos criminales.

El ex ministro de Gobernación Danilo Parinello (1993-1996) también destaca la falta de profesionalismo de los agentes que se gradúan en tres meses, y cuyos salarios rondan los 440 dólares mensuales.

A la lucha contra el narcotráfico y las redes de crimen organizado que socavan los cimientos del Estado guatemalteco tampoco contribuyen, según los expertos, los constantes cambios de ministros en la cartera de Interior -cinco en total- en los dos años del gobierno de ílvaro Colom.

«Acá el problema es la improvisación, tanto funcionario en altos puestos que llegan sin saber qué van hacer» al estar en el cargo, lamentó Parinello.

Sin duda, las recientes detenciones del director de la institución, Baltazar Gómez, -el martes- por el robo de unos 700 kilos de cocaí­na y la muerte de cinco uniformados, la jefa antidrogas, Nelly Bonilla, y el oficial Fernando Carrillo, por supuestos ví­nculos con el narcotráfico, ponen en evidencia este cáncer que carcome a las fuerzas de seguridad, integradas por 22. mil agentes.

A estas detenciones se suma también la aprehensión del anterior director de la institución, Porfirio Paniagua, igualmente acusado de estar implicado en un robo de unos 900 kilos de cocaí­na.

Esta situación se produce en ví­speras de la visita de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, este viernes a Guatemala, que estará centrada en temas de seguridad y narcotráfico, precisamente.

Clinton incluso ha convocado a los presidentes de los paí­ses de Centroamérica, una región que se ha convertido en lugar de paso y bodega de los cárteles de la droga tras la guerra que libran Colombia y México, en particular Guatemala, debido a la debilidad del Estado.

Según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por Guatemala pasan anualmente entre 330 y 350 toneladas de cocaí­na, lo que significa como valor de tránsito entre 700 y mil millones de dólares.

Aunque la presencia del narcotráfico en Guatemala se remonta a 1960, recién hace pocos años los cárteles mexicanos comenzaron a ganar terreno y a tomar un «dominio real», en detrimento de las mafias colombinas, comentó la experta en ese tema, Claudia Samayoa.

«Los cárteles mexicanos de hecho tienen un fuerte dominio sobre el territorio, en especial por el abandono, el poco o nulo control del Estado para combatirlo», afirmó.

Pero no sólo la Policí­a está infiltrada por esta mafia. Los tentáculos del narcotráfico también habrí­an llegado hasta el Ejército, que colabora en el combate al narcotráfico, en particular en las zonas fronterizas.

Algunos robos de armas en esta institución han ido a parar a grupos criminales.

«En Guatemala están comprometidas las dos fuerzas con el narcotráfico, por eso es indispensable una depuración en todos sus niveles», puntualizó Samayoa.

Según la diputada opositora Roxana Baldetti, que pidió una limpieza total en la Policí­a, «se abrió una caja de Pandora y nadie sabe lo que puede salir de ahí­».