En plural, o en singular, el término científico tocante al área médica que encabeza estos renglones, específicamente la cirugía, da mucho en qué pensar. Referente a su planificación debida; sin embargo, tiene fuerza demoledora, consistente en la infaltable emergencia, apremiante, capaz de precipitar su acción inaplazable, con miras a salvar una vida.
Emborrono estas cuartillas, ajeno a conocimiento alguno. Un atrevimiento en condición de paciente en reiteradas ocasiones, que traslado al benevolente lector, si le genera simple curiosidad. Deseo y hago votos en el sentido que no experimente al concluir, decepción y pérdida de tiempo. Mis sinceras disculpas en torno a este particular, afirmo de verdad.
Gracias a los profesionales que hacen prodigios, a título de instrumentos de Dios Todopoderoso, en aras de rescatar la salud perdida, cuyo don merece lo máximo. La ponderamos y calificamos con ahínco, cuando la misma sentimos su pérdida. Y además por negligencia visualizada recurrimos bajo presión severa en forma tardía, lastimosamente, pero esperanzados sin duda.
La moderna tecnología y avances ostensibles en concordancia directa con los intereses y necesidades del paciente, sea como sea su condición socioeconómica, hacen de la cirugía una opción beneficiosa en general. Resulta por consiguiente la panacea de rigor. El éxito respectivo de la misma es compartido con el beneplácito de ambas partes. Implica satisfacciones evidentes tanto para el cirujano como para el paciente, en gran medida.
Hoy en día las cirugías en forma por demás notoria son llevadas a cabo en los nosocomios del sistema salubrista oficial. Tampoco quedan al margen centros privados, ensanchados por el crecimiento poblacional. Cobra vigencia el señalamiento conocido de “a grandes males, grandes remediosâ€, acerca de una constante problemática que agobia al desaforado colectivo.
Salvar una vida a tiempo, incluso tras plazo fuera de serie, es el mayor triunfo de los discípulos de Hipócrates y sus herederos. Cada caso logrado forma la sumatoria de mil batallas por quienes manejan con gloria el bisturí, cuando son secundados por su asistente y la decidida colaboración del profesional anestesista.
La mejor decisión tomada por el paciente y familia es el hecho tangible de poner su caso en manos hábiles, ornadas de un historial que los laureles del triunfo son garantes del éxito. No puede ocultarse que los nervios registran fuertes sacudidas enervantes antes de ingresar al quirófano, con la esperanza y fe que obrará la cirugía el éxito rotundo en su favor.
Tengo motivos de sobra y experiencia relativas a las cirugías de que he sido objeto. Exteriorizo mi gratitud al Altísimo que inspiró sabiduría y habilidad en grado sumo a los galenos que me han intervenido satisfactoriamente. Dejo constancia que mi hermano doctor Marco Aurelio Guerrero Rojas, desempeña el rol de cirujano en el Hospital Regional escuintleco.
La inicial, con anestesia epidural, él la llevó a feliz término, hace una década, con la cooperación del galeno Víctor Melgar y anestesiólogo Mairo Portillo, en la ciudad escuintleca, entonces con bandadas de golondrinas en el alambrado eléctrico, una nota especial, parte efectiva y galante del entorno de dicha Ciudad de las Palmeras tropicales ornamentales.
Años después me detectaron un crítico problema gastrointestinal. Generó pronta intervención de endoscopia. Bajo efectos anestésicos, el especialista capitalino expresó: “Ya todo pasó’’, volví en sí tras suponer como ignorante ni había pasado el tiempo, que en dichos casos uno tiene límite para percibir lo referente a esa cirugía, igual que otras semejantes.
Al mes tuvo repitencia, la que entonces reveló superación de mérito, con el complemento de medicamentos apropiados. La reciente cirugía mayor tuvo de marco el Hospital Privado Santa Rosita, Escuintla, del doctor Víctor Melgar Tronconi, ayudante; urólogo del galeno Fabricio Taracena, auxiliado por la anestesista Iliana Sáens. Pese a mi organismo frágil, Dios y ellos me sacaron adelante. Mi gratitud imperecedera.