Cincuenta y tantos años atrás III


Hasta dos años después de la huida de Batista, Fidel Castro Rus seguí­a presentándose como un campeón de la democracia, fue entonces que llegó el momento decisivo en que se declaró un antiguo marxista leninista y siendo Primer Ministro fue electo Secretario del Partido Comunista de Cuba en 1965 y Presidente de la Republica en 1976. Nadie puede negar su carismática personalidad y extraordinario talento de caudillo pero es una realidad que la mayorí­a del pueblo cubano sigue a un dictador que ha actuado con firmeza y convicción y que por primera vez en la historia ha concedido importancia a las clases más bajas de la sociedad cubana, a las que parece no afectar la falta de libertades democráticas mientras se cumplan los postulados de justicia social.

Doctor Mario Castejón

Visité Cuba en 1999 participando en una reunión académica. Lo que vi en la isla desde mi llegada es lo caracterí­stico en un régimen policí­aco, de entrada un oficial de inteligencia en el aeropuerto que se acerca para ofrecer sus servicios y en forma sutil interroga al visitante. En los hoteles y lugares turí­sticos es notoria la presencia de agentes de Gobierno en actitud de control, sin embargo la opinión de la gente en la calle es por lo general favorable al Gobierno y así­ mismo a la figura de Fidel Castro, «El Comandante» es el Centro de atención en la isla, la gente en general no se percibe oprimida y luce contenta.

La visión de Fidel Castro de la reforma educativa y la reforma de salud fueron correctas, la acción oportuna en esos temas permitió erradicar el analfabetismo y permitió que la niñez y la juventud pudieran acceder a la educación. La prohibición del ejercicio médico privado y la cobertura con Técnicos en Salud con grado universitario le permitieron a Cuba reducir drásticamente la mortalidad infantil en aquellas enfermedades que se originan de la pobreza. Aun cuando el ingreso per cápita sea bajo la mayorí­a de las familias tienen acceso a los alimentos y con esto ha desaparecido la desnutrición como problema de salud pública.

La Prensa en la isla es duramente censurada. Mi hija Fernanda viví­a en Cuba como reportera de CNN. Me emocionó verla cubriendo en primera fila la despedida del Papa Juan Pablo II de Cuba y cuando el presidente Castro con los ojos enrojecidos levantó su mano en señal de adiós, mi hija me contó que su camarógrafo hizo una toma de cerca y Fidel Castro se esforzaba por no llorar. Tiempo después mi hija sufrió una gran frustración cuando por un reportaje en donde mencionó algo que no le gustó al régimen fue llamada a una «conversación» con un alto funcionario y en vista de que en una nueva ocasión se repitió la crí­tica el Gobierno bloqueó definitivamente sus reportajes y eso obligó a CNN a trasladarla a otro destino.

Volviendo a la visita que hice a la isla en 1999, alguien me dijo: va a conocer a Fidel Castro, va a verlo de cerca porque asistirá a la clausura del evento. Yo le respondí­: no estaré para la clausura y aunque reconozco en Fidel Castro cualidades extraordinarias de lí­der, es una figura histórica en la que queda todaví­a la interrogante si la historia lo absolverá como él expresó en su defensa tras el asalto al Moncada. Terminé diciendo: al Fidel Castro que me hubiera gustado conocer es aquel que fue entrevistado por Matthews del Times en la Sierra Maestra. El mismo Fidel por cuya lucha vendimonos en las calles de Guatemala siendo un joven universitario, aquel hombre con una medalla de la Virgen al cuello, el mismo Fidel que se volteó hacia Camilo Cienfuegos el 9 de enero de 1959 cuando se dirigí­a a una multitud en La Habana y le preguntó con ingenuidad: «Voy bien Camilo?»

Para terminar logros y carencia de libertades en la isla son evidentes, los cubanos padecen haberse acostumbrado a esa falta de libertad pero como un buen sustituto gozan de beneficios sociales que en otros paí­ses del segundo y del tercer mundo son negados tales como la salud y la educación, lo que falta por ver en relación al doctor Fidel Castro es si la historia lo absolverá.