Ciertamente, quien paga es quien manda


Oscar-Clemente-Marroquin

Es un axioma en la polí­tica que a menor estructura organizativa de un partido polí­tico, mayor dependencia de los recursos económicos para hacer propaganda y propagar su mensaje. En Guatemala, donde los partidos polí­ticos lo son sólo de nombre porque son estructuras puramente electoreras que se conforman alrededor de una ambición personal para trabajar por un caudillo o un caudillito, todo gira alrededor del dinero y cada vez es más claro y evidente que los polí­ticos el único compromiso que siempre terminan honrando es el que hacen con sus financistas de campaña, quienes compran el derecho a ser los dueños del paí­s durante el perí­odo en el que hicieron la apuesta correcta.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

 


Los financistas de antaño simplemente recibí­an favores a la hora de jugosos contratos y de esa cuenta se aseguraban que a la hora de una compra fuerte del Estado serí­an beneficiados a como diera lugar, pero en proporción al aumento de sus aportes y a la cantidad de dinero que invierten, ya no se conforman con hacer negocios en el campo propio de sus intereses, sino que se despachan con la cuchara grande y controlan toda la parte del Estado que realiza operaciones millonarias. El tema se hizo evidente cuando tras el triunfo de Portillo sus financistas colocaron ministros y dirigieron la llamada gerencia de la Presidencia de la República, expandiendo las operaciones no sólo al giro normal de las empresas y familias que pusieron dinero, sino poniendo el ojo en cualquier tipo de contrato.