Con las candidaturas de ílvaro Colom, Otto Pérez Molina, Alejandro Giammattei, Rigoberta Menchú, Luis Rabbé, Fritz García Gallont, Eduardo Suger, Marco Vinicio Cerezo Blandón, Rodolfo Castañeda, Mario Estrada, Miguel íngel Sandoval, Pablo Monsanto, Héctor Rosales y Manuel Conde se llegó al momento del cierre de inscripciones de conformidad con lo que establece la ley electoral. Entre esos catorce ciudadanos los guatemaltecos deberemos escoger al próximo Presidente de la República y atrás quedan las aspiraciones de varios políticos que hicieron esfuerzos por formar parte de este ya numeroso contingente.
En el camino quedaron varias candidaturas, acaso las más sonadas las del oficialismo. Eduardo González vio esfumarse su casi segura nominación de la mano del Banco del Café y ílvaro Aguilar, llamado a ser su sustituto, en un accidente automovilístico que le causó serios daños. En el PAN también hubo dos bajas importantes: la primera fue de Luis Flores, quien tras haber sido Vicepresidente de Arzú se postuló con ese partido y emprendió una larga pero infructuosa campaña que tuvo que abandonar por falta de crecimiento. En su lugar llegó el médico Francisco Arredondo, quien venía de figurar como invitado de piedra en las primarias de la Gana y se gastó alrededor de diez millones de quetzales seguro de ser nominado en el partido de la flecha gracias a su aporte económico. Pero apareció un aporte supuestamente mayor y quedó relegado.
Sin duda alguna la baja más importante es la del pastor Harold Caballeros, puesto que era quien mejor se había situado en las encuestas pero un error de su cuerpo de asesores legales hizo que no se percataran de un traslape de fechas que le imposibilitó la participación. Ha tratado de culpar a las autoridades electorales del problema, diciendo que le dejaron afuera, pero agotados todos los recursos legales habidos y por haber, se está demostrando que el error fue suyo y de sus abogados.
Cualquiera pensaría que con tanta oferta electoral, todos los ciudadanos tendrían opción de encontrar a quien les pueda representar ideológicamente y en sus gustos personales, pero las evidencias muestran lo contrario y se puede temer que en esta elección haya una baja considerable de participación ciudadana.
Y es que hay que recordar que la elección anterior fue atípica, puesto que mucha gente salió a votar con el fin manifiesto y expreso de ir a sacar al FRG y al portillismo del poder luego de la intensa campaña que se hizo en su contra. Hoy no hay ese voto de castigo y tampoco hay alguna oferta que despierte pasiones y entusiasmo, por lo que no sería raro que tengamos una elección en la que alrededor del 40 por ciento de los empadronados decida no acudir a las urnas. En dos meses, los catorce candidatos tienen que hacer esfuerzos por revertir esa tendencia y atraer el interés ciudadano. Sesenta días faltan para comprobar si fueron capaces de hacerlo.