Cientos de niños hondureños ilusionados


Motivados por los logros del goleador del Inter de Milan David Suazo y de otros futbolitas que juegan en el extranjero convertidos en nuevos millonarios, cientos de niños negros hondureños entrenan hasta cuatro horas al dí­a en la costa del Caribe para emular a sus í­dolos.


«Tenemos que seguir los pasos de David Suazo», dice Alberth Sninder Centeno, el menor de dos hijos de la cocinera de una guarderí­a infantil, en este fascinante paisaje caribeño.

Dirigidos por el técnico hondureño Francisco Bernardez, una treintena de jóvenes y ninos garí­funas se prepara para triunfar en el fútbol y seguir las huellas de Suazo, de excelente actuación en la delantera del Inter, actual campeón del fútbol italiano.

Mientras enseña a sus pupilos variantes defensivas y ofensivas, Bernardez destaca que el negro hondureño, por naturaleza, es veloz y potente, por sus genes africanos y la alimentación a base de plátano, banano, yuca y pescado.

«Sólo vean a Suazo… deja botados a sus rivales a base de velocidad», sostiene Bernardez, mientras instruye a los pequeños futbolistas para que aprovechen la amplitud del campo, sean precisos en el toque de balón en paredes y cómo encarar al adversario.

En los entrenamientos todo gira alrededor de Suazo y es tanta la admiración por el delantero catracho que hasta el mismo entrenador luce una camisola del futbolista número uno de este paí­s centroamericano.

Aunque el calor en la Bahí­a de Tela, 350 km al norte de Tegucigalpa, sobrepasa los 30 grados centí­grados, el adiestrador sigue empeñado en encontrar las virtudes y las deficiencias que deben mejorar o corregir.

«Tengo que detectar los talentos», afirma Bernardez.

A un costado de la cancha, Gerson Melendez, de apenas 5 años, con sus pies descalzos y sin camisa, trata de dominar la pelota.

«Hay que tocar el balón con cariño para aprender a dominarlo», explica el niño a Jecson Anaya, mientras hace malabares con la esférica.

El proceso enseñanza-aprendizaje del fútbol obtiene sus mejores frutos en la niñez de esta comunidad, uno de los mayores epicentros espirituales del mundo garí­funa, herederos de los indios caribes y africanos, provenientes de las Antillas del Caribe.

«Si Suazo llegó al Inter yo también puedo llegar», irrumpe Centeno, un ferviente seguidor de Cristo, que juega en la posicion de portero. «Si me quedo aquí­ no prospero», agrega con determinación.

Honduras subió en la última década al primer lugar en la exportación de jugadores del área centroamericana. Destancan no sólo Suazo sino Julio César «Rambo» de León en el Génova, Edgar Alvarez en la Roma y Wilson Palacios y Maynor Figueroa en el Wigan de Inglaterra.

Se suman Carlo Costly del Belchatow de Polonia, Samuel Iván Guerrero (Chicago Fire de Estados Unidos), y en el fútbol de China militan Emil Martí­nez, Walter Martí­nez, Luis Ramí­rez y Samuel Caballero, entre muchos otros hondureños que juegan en equipos del exterior.