Nació en Nairobi, donde no se separaba de su bicicleta, creció como ciclista en Sudáfrica, reside en Italia y acaba de obtener la nacionalidad británica: Chris Froome, «el keniano blanco», descubrió este sábado el Tour de Francia en la Bretaña, a años luz de su ífrica natal.
Pero esa región no le resulta del todo desconocida. Allí ganó una carrera en 2007 este ciudadano del mundo, que en la Grande Boucle aspira a cumplir con las exigencias del máximo nivel y a ayudar al colombiano Mauricio Soler, siempre que el líder del Barloworld siga adelante tras su caída en la 1ª etapa.
Blanco nacido en Kenia, de unos padres kenianos con antepasados británicos que se trasladaron después a Sudáfrica, Chris Froome es un espécimen raro en el pelotón. Exótico sin serlo de verdad. Keniano sin serlo de verdad.
«Mis raíces son kenianas», dice, «mi forma de ser es keniana pero no soy el primer keniano que corre el Tour de Francia. Digamos que soy el primer ciclista de Kenia que corre el Tour de Francia».
Blanco como la leche, rubio y de ojos claros, parece más un joven londinense que un súbdito de la ex colonia africana de Su Majestad la Reina de Inglaterra. Y sin embargo el nuevo profesional de rostro sonrosado, de 23 años, dio sus primeras pedaladas en los suburbios de la mayor ciudad del este de ífrica.
«La bici fue mi primer medio de transporte. Fuera adonde fuera, iba en bici. De hecho, vivía en mi bicicleta», cuenta con un acento nada de londinense. «Pero no fue hasta que, siendo adolescente, me fui a una escuela de Sudáfrica cuando empecé a tomármelo en serio».
«Allí vi que el ciclismo era un verdadero deporte», cuenta. «Fue allí donde empecé a correr y donde fui subiendo los peldaños uno por uno. De hecho, en Sudáfrica, piensan que soy uno de ellos».