Chomsky: el segundo y tercer filtro (II)


La semana pasada, iniciamos el análisis del tema chomskiano, sobre los cinco filtros para tratar de entender la lógica contemporánea de los medios de comunicación de masas. Hoy vamos a pasar al segundo y tercer filtro de estas bases sociosemiológicas, que este brillante lingí¼ista planteó en la década de los 80. Noam Chomsky, además de ser creador de una seria corriente lingí¼í­stica, es uno de los pensadores norteamericanos más crí­ticos de su propio sistema. Algunos lo califican de «izquierdista» para descalificarlo.

Ramiro Mac Donald

El segundo filtro, según Chomsky y Herman, en el citado libro, es la necesidad de utilizar a la publicidad para subsistir en un mundo capitalista, en el que los medios de comunicación dependen de esta poderosí­sima industria; que maneja los deseos, sueños y frustraciones de las masas, en el marco de su función principal, como lo es: acelerar el circuito producción-consumo.

Nada nuevo, pero hay que tomar en cuenta la capacidad que tiene la publicidad, como actividad económica global, para manejar ese poder de financiación de los medios, y que tiene la posibilidad de influir en los contenidos informativos. Tentación que muchas vece se cumple.

El tercer filtro chomskiano es el suministro de la información hacia los medios de comunicación, por parte de las poderosas agencias de relaciones públicas, que inciden en la agenda de los medios informativos.

El caso de los actores de Hollywood resulta hasta patético, pues unos pocos agentes de prensa controlan «la imagen» del 80 por ciento de estrellas, lo que implica una capacidad de maniobra muy reducida por parte de aquellos independientes, y puede significar cero acceso al mundo mediático; ante el volumen que manejan los poderosos «agentes» que tienen en su manos a periodistas, medios y personalidades de la industria del entretenimiento.

Sin embargo, en la vida informativa, no del espectáculo propiamente dicha, pese a que hay una tendencia a espectacularizar todas las informaciones, las grandes agencias de comunicación publicitaria o de relaciones públicas, se encargan de «controlar» el contenido de los medios, con quienes mantienen excelentes relaciones.

Además, promueven que estos tengan insumos para realizar reportajes, actividades especiales como viajes, regalos caros, atenciones particulares, y hasta dinero en efectivo, para que algunos medios «inserten» cierto tipo de noticias favorables a sus clientes.

Es tanta la importancia de la actividad de este tipo, que se estima que más de un 40 % del total de informaciones que contienen los grandes medios informativos, son «facilitadas» por los relacionistas públicos profesionales. Esto supondrí­a que el restante contenido son noticias de temática propia, pero resulta sumamente difí­cil establecer la frontera entre uno y otro formato.

En todo caso, el sesgo informativo que tienen muchos diarios en Estados Unidos, obedece a este papel preponderante que las grandes corporaciones de publicidad, junto a sus agencias de relaciones públicas, juegan con gran efectividad sobre las agendas noticiosas de los medios. En todo caso, hasta el propio Gobierno, a través de oficinas de múltiples entidades, presentan como «hechos noticiables» lo que les conviene, y esconden lo que no es positivo para su imagen.

En este marco, es lógico preguntarse si llegado el caso, puede haber tentación de los publicistas y/o los publirrelacionistas para incidir, en la lí­nea editorial de un medio. Seguiremos con Chomsky.