Chismografía


Eduardo-Blandon-Nueva

La semana pasada recibí en mi buzón electrónico la revisa “Us Weekly” con fecha reciente del mes de agosto. Ya no me sorprende lo que recibo en mi correo. Debo decir que soy blanco de las promociones internacionales de revistas. Me llegan, por ejemplo, las revistas “Surfer”, “Harvard Business Review”, “Viv Mag”, “Maxim”, “Juxtapoz”, “One Icon” y hasta “Playboy”, entre tantas otras.

Eduardo Blandón


Pero no es de la lluvia de revistas que quiero escribir, sino de la chismografía que encontré en “Us Weekly”: noticias de Selena Gómez, Justin Bieber, Jessica Biel, Jessica Alba y Katy Perry, para nombrar a algunas personalidades del espectáculo. Razón por la cual me pregunto cuántos lectores pudieran tener una revista así.  Y no dudo en pensar en que son muchos.

Es cierto que a usted de repente no le interesen las razones de la separación entre Katy Perry y Russell Brand o Tom Cruise y Katie Holmes, pero tenga la certeza que a muchos y muchas, esas noticias les son fundamentales en su vida.  Y es esto lo increíble: el prurito de chismografía que puede haber en cada uno de nosotros. Tengo colegas, por ejemplo, que se fijan en la manera diaria de vestirse de los compañeros y no dudan en dedicar quince o veinte minutos para revisar la vestimenta ajena.

Sin duda son ese tipo de personalidades que viven conectados a Twitter y Facebook para ver cómo evoluciona el embarazo de Reese Witherspoon, conocer el perro de Miley Cyrus o detalles de las vacaciones en Cancún de Colin Farrell. El mundo no se reduce a personas quizá profundas como usted, y eso lo saben quienes elaboran la literatura “gossip”, que vende sin duda mucho más que, por ejemplo, la revista “Newsweek”.

Hay una tendencia sorprendente hacia el chisme que no tiene nada que ver con lo masculino o lo femenino. Hay tantos chismosos hombres como mujeres. El caso de personas siempre pendiente de los demás para la crítica agria está presente entre los seres humanos. Quizá por eso la tradición cristiana ha condenado el hablar de los otros. Es el caso de San Juan Bosco para quien los chismosos ocupaban un lugar especial en el infierno.

“De los demás, o se habla bien o se calla”, dicta la máxima cristiana.  Pero está visto que así como la pornografía vive días de gloria, la chismografía no ha quedado relegada. Así tenemos en los ambientes laborales a personas siempre dispuestas a dar pábulo a los chismes: “supiste lo que Carla dijo de ti”, “te enteraste de lo último del alumno de agronomía”, “supiste de la separación de Brenda”, “no quiero inquietarte, pero dicen que vos…”.

Una “Tula Cuecho” parece que llevamos por dentro así como el demonio de la lujuria, la envidia y la pereza, entre tantos otros vicios capitales. La educación quizá debe trabajar esa tendencia horrorosa entre los seres humanos que consiste no solo en la propagación del chisme, sino en solazarse en ella. Habría que ofrecer (aunque sea solo ficticiamente) el cielo a quienes aprendan a callar y guardar, como hacían los santos de antaño, “todas las cosas en el corazón”.