China y sus tentáculos imperiales?


El tema que hoy tratamos es de palpitante actualidad, y podemos decir que ocupa cotidianamente, con diferentes criterios, los diferentes medios de comunicación locales, regionales e internacionales en general.

Marco Tulio Trejo Paiz

Estamos conscientes de que nuestros puntos de vista pueden estar a contrapelo de los externados aquí­ y fuera de aquí­ , lo cual es natural si reparamos en la libertad de expresión que preconizan y garantizan (¿??) la democracia y, paradójicamente hablando, los regí­menes de gobierno que no comulgan con dicho sistema.

La China continental, comunizada por Mao Tse-tung y sus huestes, de por sí­ ha sido un gigantesco pulpo armamentista-guerrerista, pero al no alcanzar el éxito que pretendí­an sus principales lí­deres, se vio precisada a abrir sus férreas puertas al mundo occidental, que se mantuvieron cerradas desde l949, año de la pasada centuria en el que logró entronizarse a sangre y fuego el comunismo tras derrotar a los heroicos ejércitos del generalí­simo Chiang Kai-chek.

Al presente, la China está siendo inundada virtualmente por empresas poderosas de los Estados Unidos de América, de otros paí­ses de nuestro hemisferio, de Europa y de Asia, para los cuales otrora era imposible penetrar la «Cortina de Bambú»? De manera que el monstruo ya tiene en sus intestinos a quienes antaño consideraba enemigos a ultranza, a los que hubiera querido borrar del mapa.

Aparte de la función de azadón que mencionamos, o sea la de hacerse de archimillonarias inversiones de capital extranjero, China comunista asimismo está, en el plano comercial, recurriendo a una polí­tica de relaciones exteriores diferente, muy diferente a la que puso en práctica durante varias largas décadas. Es más: se encuentra empleando la «pala» para volcar en muchos paí­ses del mundo su producción industrial.

Es de cavilar seriamente en cuanto a los propósitos que, especialmente, tiene la China en lo polí­tico-ideológico, en lo económico y en lo militar respecto del contexto mundial. No hay que descartar intenciones de dominación mundial como las que tuvo, en el siglo anterior, la Unión Soviética con la Rusia estalinista-marxista-leninista en la vanguardia. Los luengos tentáculos del pulpo ya están abarcando gran parte del globo terráqueo, y los movimientos sociales y polí­ticos que se están dando en casi todos los continentes mueven a pensar que está en cierne un imperio amarillo.

No olvidemos que la «Chinona» tiene ya 1,300 millones de habitantes y esa población puede estar creciendo cada dí­a que pasa, a pesar de las drásticas medidas que el régimen comunista ha adoptado para disminuir los nacimientos de seres humanos (a cada matrimonio no se le permite más de un hijo. Un segundo hijo puede ser eliminado al nomás salir del claustro materno o antes, si es descubierto).

El coloso asiático de referencia ha puesto sus felinos ojos en Centro y Sudamérica para anudar, fortalecer y multiplicar lazos diplomáticos, polí­ticos y comerciales, no sin pretensiones de minar los campos internacionales a la superpotencia del norte: los Estados Unidos de América. Tanto es así­ que estamos viendo en fase incipiente una «revolución» en la que de una manera u otra están participando personajes de mentalidad soviética como Castro, Chávez y otros que se han convertido en dóciles instrumentos de sus acciones antidemocráticas, inmersos en las profundidades marinas de la violenta politiquerí­a que a ratos lanza chispas terroristas. .

Costa Rica, llamada por antonomasia «la Suiza de América», ya se tragó el anzuelo por sorpresiva y desleal decisión del «democratazo» í“scar Arias, y Nicaragua puede no tardar en hacer lo mismo. Ojalá que Guatemala permanezca firme al lado de la República de China (Taiwán), progresista, democrática, libre como el viento. ¿Será, será, presidente Berger?