Nueve días después del sismo que dejó más de 74 mil muertos y desaparecidos en China, el país concentra ahora sus esfuerzos en los cinco millones de damnificados que sobreviven en precarias condiciones, bajo la lluvia y expuestos al riesgo de epidemias.
Hoy toda China observaba un tercer y último día de duelo en homenaje a las víctimas del sismo. El balance aún provisional de la catástrofe ascendía a 41.353 muertos confirmados, 32.666 desaparecidos y 274.683 heridos, según cifra oficiales anunciadas por el gobierno chino.
Por respeto a las víctimas, el gobierno tibetano en el exilio en India llamó a un cese temporal de las protestas contra Pekín.
«Para expresar nuestra solidaridad con el gran desastre natural que azotó China, los tibetanos de todo el mundo deberían dejar de manifestarse ante las embajadas chinas en los respectivos países donde viven», dijo el portavoz del gobierno tibetano en el exilio, Thubten Samphel.
La búsqueda de posibles supervivientes bajo los escombros continuaba y una mujer fue rescatada «milagrosamente» con vida tras haber pasado nueve días en el interior de un túnel de una central eléctrica, después de que ayer se salvase a otros dos sepultados.
Pero las oportunidades de sobrevivir son ahora ínfimas y los socorristas extranjeros empezaban a abandonar el país para dar paso a los equipos médicos.
El primer ministro chino, Wen Jiabao, ordenó el envío de 40 mil tiendas de campaña hasta finales de mayo y otras 900 mil en junio, que se sumarán a las 280 mil que ya fueron distribuidas en Sichuan, la provincia del suroeste chino más duramente afectada por el violento sismo del 12 de mayo.
También se necesitan con urgencia lonas y plásticos para proteger a los supervivientes de las lluvias que comenzaron a caer en la región, transformando el suelo en barro y acelerando aún más la descomposición de los cadáveres y las carcasas de animales muertos.
Sumándose al esfuerzo por dar apoyo psicológico a las víctimas, un grupo de deportistas chinos encabezados por la campeona olímpica de ping-pong Deng Yaping viajó al lugar de la tragedia, donde habló con los niños de una escuela improvisada en uno de los inmuerables campos de acogida.
Pero otros, como los habitantes de Chengdu, capital de Sichuan, prefirieron pasar una nueva noche a la intemperie por temor a fuertes réplicas.
En Beichuan, un periodista del diario China Daily informó que un olor de cadaver inundaba la ciudad, invadida por nubes de moscas y mosquitos que hacen temer el brote de enfermedades.
De momento no se señaló ninguna epidemia, pero el riesgo es real a causa de la concentración de cientos de miles de refugiados en campos improvisados a menudo sin retretes ni agua corriente.
Sólo se detectaron por el momento casos de gangrena gaseosa, una infección bacteriana muy contagiosa que puede causar la muerte en 12 horas, y las autoridades chinas alertaron a los equipos médicos para que actúen de inmediato evitando que la enfermedad se propague.
Los responsables de la Sanidad Pública temen también la aparición de epidemias de diarrea, hepatitis A y cólera.
Unos 3.500 especialistas en inspección sanitaria y prevenció de enfermedades serán enviados a la zona, anunció el ministerio de Sanidad.
Por su parte, el ministerio de Protección del Medio Ambiente publicó una circular aconsejando no beber el agua accesible en los edificios en ruinas ni la de pozos y ríos, que podría estar contaminada por los cadáveres, los desechos médicos y los desinfectantes.
Mientras tanto sigue llegando a China la ayuda internacional en material y personal cualificado.
El total de donaciones en dinero y especies recaudadas en China y en el extranjeros roza los 14 mil millones de yuanes (1.250 millones de euros), según el ministerio de Protección Civil.
El envío de esta ayuda a los damnificados pasa por muchos intermediarios a nivel nacional, provincial y local, algunos de los cuales pueden estar tentados de quedarse con una parte. Consciente de este peligro, la Comisión de Disciplina del Partido Comunista chino amenazó con graves sanciones a todo responsable culpable de malversación.