China celebra su «milagro» económico


China celebró el lunes el 30 aniversario de la creación de la zona económica especial de Shenzhen, un pueblo de pescadores que se convirtió en una gigantesca metrópolis pionera del «milagro» chino, según el presidente Hu Jintao.


«La zona económica especial de Shenzhen es un milagro en la historia mundial de la industrialización y contribuyó en forma significativa a la apertura y las reformas en China», declaró Hu durante una ceremonia en la ciudad del sur del paí­s.

«Como siempre lo ha hecho, el gobierno central apoya el aliento en la innovación y el papel de vanguardia de la zona económica especial», continuó el jefe de Estado chino.

En 1980, Shenzen, lindante con la por entonces todaví­a colonia británica de Hong Kong, habí­a sido designada por Deng Xiaoping como la primera de esas zonas destinadas a recibir inversiones extranjeras en el marco de la apertura al mundo del paí­s comunista.

En 1992, dos años y medio después de la represión de las manifestaciones prodemocráticas de Tiananmen, fue también Shenzhen el lugar elegido por Deng para relanzar las reformas.

Gracias a una fiscalidad y procedimientos administrativos flexibles, la zona especial, que cuenta actualmente con 9 millones de habitantes, se convirtió en un modelo para una economí­a china enfocada en las exportaciones y que vive desde hace 30 años un crecimiento fulgurante.

Presente en la ceremonia, el multimillonario hongkonés Li Ka-shing estimó que Shenzhen «es la locomotora de las reformas y la apertura en China, cuyo éxito ha convencido y entusiasmado a los chinos que viven fuera del paí­s».

Precisamente esos chinos, asentados en Hong Kong o en el extranjero, fueron los primeros en llevar sus capitales a China al aprovechar los ví­nculos que habí­an conservado a pesar de 30 años de rí­gido maoí­smo.

El resultado ha sido un crecimiento económico de 25,8% de media en Shenzen, contra 9,8% para el conjunto de China en los últimos 30 años. La zona especial fue ampliada este año para cubrir cerca de 2.000 km2, es decir la talla de Luxemburgo.

Shenzhen y sus territorios aledaños como la ciudad de Dongguan se convirtieron en una gigantesca base manufacturera donde los obreros trabajan a menudo para empresas contratistas de multinacionales.

Pero el boom atrajo no solo a trabajadores poco calificados, sino también a jóvenes diplomados y profesionales. Grandes empresas chinas, como el proveedor de equipamientos en telecomunicaciones Huawei, tienen su sede en Shenzhen.

Laboratorio del capitalismo en un paí­s comunista, la zona especial ha visto también el surgimiento de una nueva clase obrera procedente del campo que no tení­a ninguna ventaja ni ninguna protección reservada a los trabajadores de las ciudades.

Tres décadas más tarde, las condiciones de vida de los obreros apenas han mejorado, como lo ha demostrado este año una serie de diez suicidios en la fábrica de Shenzhen del gigante taiwanés de la electrónica Foxconn.