China se vio confrontada en 2008, tras años de explosión económica, a la crisis económica internacional, a un terremoto devastador y a la revuelta del Tíbet, pero así y todo logró organizar unos Juegos Olímpicos fastuosos, a la altura de la nueva potencia.


La economía china acabó 2007 con signos de calentamiento y, doce meses después, hace frente a una desaceleración mundial que se ha traducido en la primera caída desde 2001 de sus exportaciones, factor esencial de su prosperidad.
La reducción de la demanda de todas las economías afectadas por la crisis ha acabado haciéndose sentir en el crecimiento de China -que de 2003 a 2007 fue de dos dígitos- en el empleo y, en consecuencia, en la estabilidad social.
Además, el año trajo a China muchos acontecimientos desestabilizadores, principalmente catástrofes naturales.
«El acontecimiento más importante de 2008 es para mí el sismo de Sichuán», que el 12 de mayo dejó más de 87.000 muertos y desaparecidos en esa región del centro-oeste del país, afirmó Hu Xingdou, economista del Instituto de Tecnología de Pekín.
«Fue una prueba compleja para la sociedad civil, del sistema político, el desarrollo económico, la calidad de la construcción y de la importancia que el gobierno concede a la educación», explicó Hu, al referirse al temblor que derrumbó escuelas como castillos de naipes.
«La catástrofe sacó a relucir los problemas en el proceso de toma de decisiones e información», agregó.
Al mismo tiempo, el desastre generó una enorme ola de solidaridad en todo el país y, a tres meses de los Juegos Olímpicos, silenció las críticas de la comunidad internacional a China.
La primera parte del año estuvo marcada por la tensión con los gobiernos y las opiniones públicas extranjeras por cosas como el apoyo de Pekín al gobierno sudanés, la cuestión de los derechos humanos y, sobre todo, la crisis tibetana.
Las primeras manifestaciones contra el dominio chino se produjeron en Lhasa, la capital del Tíbet, el 10 marzo, aniversario del levantamiento fallido de 1959 en esa región del Himalaya, que obligó al Dalai Lama, líder del budismo tibetano, a exiliarse en India.
Las protestas de marzo se extendieron a otras provincias con minorías tibetanas, sin testigos extranjeros. El acceso al Tíbet fue de hecho cerrado.
Según los exiliados tibetanos, la represión causó al menos 203 muertos; la situación del Tíbet desató protestas en todo el mundo, llamamientos a boicotear los Juegos Olímpicos e incidentes en varios países durante el recorrido de la llama olímpica, los más graves de ellos en París.
A cuatro meses de unos Juegos a los que había consagrado tanto trabajo, dinero y esperanzas, China se sintió humillada y multiplicó las reacciones nacionalistas.
«Los problemas durante el paso de la antorcha demostraron que el pujante poderío de China no es siempre aceptado por los occidentales», estimó el economista Hu.
Finalmente, cuando los Juegos se inauguraron el 8 de agosto en un Pekín cubierto de flores, cualquier discrepancia se apagó. La organización fue casi perfecta y el gigante asiático demostró su fuerza logrando más medallas de oro que nadie (51) y, sobre todo, por primera vez, más que Estados Unidos (36).
Para los chinos, el único lamento vino de la lesión de su héroe Liu Xiang, que no pudo lograr una medalla de oro para la que era claro favorito, la de los 110 metros vallas.
La alegría del acontecimiento duró poco, pues pocas semanas después estalló el escándalo de la leche infantil contaminada con melamina, una sustancia química que le da una apariencia más rica en proteínas, que intoxicó a cerca de 300.000 niños en China y llevó a muchos países a retirar de la venta los productos chinos.
Esta catástrofe «conmocionó al país» y constituyó «el segundo acontecimiento esencial» del año, poniendo en evidencia «los enormes problemas en seguridad alimentaria», estimó Zheng Yefu, profesor de sociología.
Para el economista Hu Xingdou, el escándalo reveló «la pérdida de sentido moral de la sociedad china» y la falta de transparencia.
«Otros casos similares se verán en el futuro y en 2009 veremos tantas crisis sociales como en 2008», auguró.