China acepta a socorristas extranjeros


Soldados ayudan a remover los escombros en una de las comunidades afectadas por el terremoto.

China autorizó hoy a los primeros socorristas extranjeros a participar en las operaciones de rescate con la esperanza de encontrar todaví­a a supervivientes del sismo en Sichuán, cuyo balance de muertos será muy elevado, según reconoció el propio gobierno.


Cuatro dí­as después de la catástrofe, los soldados y los voluntarios civiles incrementaban los esfuerzos para retirar, a menudo con las manos, los amasijos de cemento y hierros confiados en detectar señales de vida.

Los primeros socorristas extranjeros, japoneses, llegaron al amanecer a la zona devastada y otros equipos, rusos, surcoreanos y singapurenses se sumarán próximamente, después de que el gobierno chino aceptase por fin abrir sus fronteras.

Pero según los expertos, las posibilidades de encontrar a supervivientes disminuyen muy rápidamente a partir del tercer dí­a. El sismo tuvo lugar en la tarde del lunes, a una hora en que todas las oficinas y escuelas estaban abarrotadas.

El balance final de muertos amenaza con ser muy elevado y ya ayer el gobierno comenzó a preparar a la población anunciando por primera vez una estimación de más de 50 mil muertos.

Decenas de vehí­culos quedaron sepultados hoy al producirse un corrimiento de tierras en Sichuán (suroeste de China) provocado por una fuerte réplica del sismo del lunes, informó la agencia oficial China Nueva.

Durante la noche, el primer ministro Wen Jiabao anunció que este terremoto ha sido el más devastador de la historia de la República Popular de China, creada en 1949, en términos de superficie afectada, más de 100 mil km2, y de magnitud, 7,9.

El sismo que en julio de 1976 arrasó la ciudad de Tangshan, cerca de Pekí­n, dejó oficialmente 242 mil muertos.

«Estamos todaví­a en el periodo crí­tico en el que podemos salvar vidas y no abandonaremos mientras quede la más mí­nima esperanza de encontrar supervivientes», afirmó Wen, que supervisa las operaciones en el terreno desde el lunes.

Por su parte, el presidente chino Hu Jintao llegó hoy a la ciudad de Mianyang, en su primer desplazamiento a la provincia de Sichuán desde el terremoto.

«El desafí­o es todaví­a importante, la tarea es todaví­a dura y el tiempo apremia. Las operaciones de socorro entraron en su fase más crucial», declaró el jefe de Estado.

Tras haber rechazado reiteradamente las ofertas de enví­o de socorristas extranjeros, el gobierno chino accedió por primera vez a dejar entrar a equipos de rescate de paí­ses vecinos, como Japón, Rusia, Corea del Sur y Singapur.

Según estimaciones de la agencia China Nueva, 216 mil edificios fueron destruidos por el sismo en la provincia de Sichuán, entre ellos 6 mil 898 centros escolares, bajo cuyos escombros quedaron atrapados miles de niños y profesores.

La ansiedad de los padres aumenta hora a hora y empiezan a acusar a las empresas que construyeron las escuelas, que se derrumbaron en pocos segundos mientras otros edificios vecinos seguí­an en pie.

En Mianyang, un millar de niños quedaron sepultados bajo los escombros de su escuela y otros 900 en el colegio de la ciudad vecina de Juyuan. «Les voy a decir por qué se derrumbó la escuela, porque fue mal construida. Alguien ha querido ahorrarse dinero», afirmaba un hombre que participaba en las operaciones de rescate en Juyuan.

Anticipándose a la indignación de la población, el gobierno chino ordenó hoy una investigación sobre las causas del derrumbe de tantos centros escolares.

Como en todas las catástrofes, los milagros dan un atisbo de esperanza a las familias.

Tras haber sobrevivido 80 horas bajo las ruinas de su escuela en Beichuan, un niño fue rescatado en la madrugada de hoy y los socorristas «esperan nuevos milagros» porque oyeron más voces procedentes de los escombros.

Otra carrera contrarreloj comenzó para prevenir el riesgo de epidemias, ya que los cadáveres se descomponen rápidamente por el efecto del calor, advirtió un responsable del Partido Comunista local.