Chile sufre la peor sequía en varias décadas, con un 40% de las comunas declaradas bajo emergencia y su sistema de generación hidroeléctrica al límite, lo que podría traducirse a partir de marzo en cortes programados de electricidad, con un grave impacto sobre la industria y los hogares.
En Til Til, una comuna agrícola ubicada a 50 km al norte de Santiago, la situación es crítica, con extensos terrenos sembrados completamente secos y algunos animales que ya han muerto por la falta de forraje.
La situación se tornó grave luego de que se secó en diciembre el embalse Rungue, que abastece de agua al lugar. Los lugareños cuentan que desde 1968 no veían al estanque completamente vacío.
El municipio, uno de los 135 en todo Chile declarado bajo emergencia agrícola, ya ha repartido forraje a los ganaderos más afectados, además de estanques con 200 litros de agua para el consumo humano.
«La situación aquí es crítica. Toda la comuna está afectada por la sequía», cuenta el alcalde de Til Til, Salvador Delgadillo, mientras reparte los estanques, llenados semanalmente por camiones aljibes.
La señora Flor Ramos recibe con lágrimas la ayuda del municipio. Cuenta que hace tres días se secó por completo el pozo que abastecía a su familia, por lo que se vieron obligados a recibir ayuda.
«Antes aquí habían ciruelos y membrillares y ahora no queda nada. No sé qué vamos a hacer sin agua», dice con resignación.
La situación de Til Til se repite en otras 134 de las 345 comunas de Chile, donde unas 100 mil familias sufren por la falta de lluvias producto del fenómeno de La Niña, caracterizado por temperaturas de la superficie del mar bajo lo normal.
La Dirección Meteorológica pronosticó que no caerán lluvias hasta abril, impactando directamente en las cosechas de papas, cebollas, trigo y cebada, cuyos precios ya han experimentado alzas en los mercados.
El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet creó un comité de emergencia y destinó casi 20 millones de dólares para la compra de forraje y la repartición de agua en las zonas afectadas.
«El fenómeno es extraordinariamente crudo (…) estamos ante una de las peores sequías en los últimos 80 años», dijo el secretario ejecutivo del comité interministerial por la sequía, Rodrigo Weisner.
La falta de lluvia ha impactado también en la generación eléctrica, ya que un 60% de la electricidad que se produce en Chile se genera en centrales hidroeléctricas, cuya capacidad se encuentra seriamente mermada.
A la falta de agua se suma la escasez de gas natural -con lo que se generada casi el 40% de la electricidad-, tras las restricciones en los envíos de gas natural desde Argentina, junto con la salida de operaciones de la central Nehuenco, de la generadora chilena Colbún.
La central, una de las mayores plantas de ciclo combinado del país, se reintegraría al sistema recién en cinco meses más.
«Estamos en un momento bastante crítico, con un abastecimiento eléctrico muy ajustado», dijo María Isabel González, experta en temas energéticos.
«Estamos en una condición de fragilidad absoluta, cualquier alteración podría tener graves repercusiones», agregó.
En marzo, el consumo eléctrico se dispararía, tras el fin de las vacaciones y el inicio del año académico, por lo que de no mediar cambios lo más probables es que en ese mes se decreten cortes programados de luz, según reconoció el ministro de Energía Marcelo Tokman.
Como medidas paliativas se decretó una reducción del voltaje desde 220 a 210 voltios, además de ampliar por tres semanas (hasta fines de marzo) el huso horario de verano (-3 GMT) y el reparto de un millar de bombillas eficientes.
Desde el punto de vista económico, la sequía y la falta de gas natural impactarían entre un 0,5% y un 1% del PIB proyectado para este año, cuando la expansión bordearía el 4%, según distintos analistas.
Chile enfrentará durante todo este año una crítica situación energética, a raíz de una tenaz sequía y la falta de gas natural, que sólo será superada a partir del segundo semestre de 2009 cuando entre en operaciones la primera planta de gas natural licuado (GNL) de América Latina.
Después de un inverno frío y seco, Chile padece ahora la peor sequía en varias décadas, con 40% de las comunas del país declaradas bajo emergencia agrícola y cerca de 100 mil familias afectadas directamente.
La falta de agua ha impactado principalmente las cosechas de papas, cebollas y trigo, y aún están por cuantificarse los daños en la industria vitivinícola, donde las vendimias se esperan para fines de marzo.
Un centenar de animales además ha muerto, producto de la falta de forraje.
La sequía ha impactado también en la generación eléctrica, con la mayoría de los embalses bajo 40% de su capacidad.
Chile genera en base a centrales hidroeléctrica el 60% de la electricidad que consume. El resto ahora se produce con diesel y carbón.
Hasta 2003, casi 40% de la electricidad era generada por medio del gas natural que Argentina vendía a Chile, pero hoy esos envíos -que antes alcanzaban los 22 millones de m3 por día-, son apenas suficientes para abastecer la zona central del país, con sólo 1,2 millones de m3 diarios.
La situación se agravó tras la salida de operaciones de una de las principales centrales del país, la térmica Nehuenco, que recién en cinco meses más podría volver a generar a electricidad.
Chile es un importador neto de energía y en los próximos 10 años debe aumentar en 5 mil megawats su potencia instalada, que hoy llega a los 10 mil MW, para alimentar una demanda que crece a una tasa de 7% anual.
El panorama debiera mejorar a partir del segundo semestre del próximo año, cuando se espera entre en operaciones una planta de procesamiento de gas natural licuado (GNL), en construcción en la bahía de Quinteros, en la costa central chilena.
La planta, con un costo de 940 millones de dólares, terminará con cualquier dependencia energética, ya que procesará gas comprado en cualquier parte del mundo. Su capacidad será de 18 millones de metros cúbicos por día.
Otra planta de GNL se construirá también en Mejillones, en el norte de Chile, principalmente para abastecer a las grandes mineras mundiales ubicadas en esa zona.
Para los próximos dos años está prevista además la puesta en marcha de dos centrales a carbón y la construcción de cuatro centrales hidroeléctricas en Aisén, en la Patagonia chilena sobre los ríos Baker y Pascua, en un proyecto que aún debe ser evaluado por las autoridades ambientales.
Chile fomenta asimismo la construcción de variados proyectos en base a energías renovables, bajo la meta de lograr hacia 2010 que un 15% de la producción energética provenga de estas fuentes alternativas.