Chichicaste para los extorsionistas


 Chichicaste es una planta empleada en cercos, setos y mojones por el daño que causa a la piel; según el diccionario Voces usadas en Guatemala, del recordado agricultor y escritor don J. Francisco Rubio. Probablemente pensando en esa definición, en cuanto a que esa urticante provoca picazón en la piel, el periodista Edgar Juárez publica en Internet un blog que bautizó con el nombre de «Chichicaste»,  porque contiene informaciones y artí­culos de opinión sumamente crí­ticos y punzantes.

Eduardo Villatoro

En su editorial del miércoles anterior, abordó un asunto que es de interés general,  especialmente para las familias modestas y los dueños de pequeñas empresas cuyos números de teléfonos fijos aparecen en la guí­a respectiva, porque los extorsionistas utilizan esa publicación para llamar a indeterminados usuarios a fin de intimidarlos y chantajearlos.

 Por las informaciones que se publican con frecuencia en los medios impresos y electrónicos, generalmente los jefes de las bandas de extorsionistas están encarcelados y desde las prisiones hacen las llamadas directamente a sus potenciales ví­ctimas, o se comunican con sus secuaces que andan cometiendo  sus fechorí­as con impunidad, para que éstos cumplan sus criminales tareas de extorsión. El Ministerio Público confirmó que el 60 % de esas llamadas salen de las cárceles.

En su oportunidad, autoridades del Ministerio de Gobernación y del Sistema Penitenciario anunciaron que en los penales se instalarí­an antenas bloqueadoras de llamadas por celulares; pero ese mecanismo no funciona porque persisten las extorsiones telefónicas desde los centros carcelarios, en los cuales, asimismo, cada vez que se realizan operativos se decomisan decenas de teléfonos móviles.

 Adicionalmente, en vista de la descomposición moral y ética en la administración pública, no serí­a extraño que cuando hace algún tiempo se suscribió el contrato de instalar las antenas bloqueadoras hubiera dinero de por medio, para que los funcionarios que participaron en el negocio se hicieran de la vista gorda ante las notorias deficiencias del mecanismo mencionado.

 La actividad delincuencial desde y en el interior de los penales también es un fenómeno públicamente conocido, y cabalmente este es un factor determinante  para que buena parte de la población esté indignada o por lo menos molesta por la captura y consignación a los tribunales de justicia del médico y polí­tico Alejandro Giammattei, ex director del Sistema Penitenciario, acusado de ejecución extrajudicial de siete reos de alta peligrosidad, porque el ciudadano honrado que se gana el salario a base de esfuerzos y que se siente amenazado cuando se conduce a sus labores habituales, o en sus pequeños negocios, justifica los medios que se utilicen para eliminar a desalmados criminales, y si se le indica que todos los implicados en delitos deben estar sujetos al debido proceso, desestima esa idea porque está enterado que pandilleros que son aprehendidos por agentes de la Policí­a Nacional Civil y fiscales del MP, tardan más tiempo en entrar a la cárcel que en salir libres nuevamente, para seguir cometiendo extorsiones, atracos y asesinatos.

Espero con cierto grado de escepticismo que funcione la campaña contra la extorsión lanzada por el Consejo Asesor de Seguridad.

 (Un funcionario de Gobernación irritado por las preguntas del reportero Romualdo Tishudo le espeta: -¡A ver, déme un listado de personas que hayan sido extorsionadas! El periodista replica: -¡Con mucho gusto! Présteme su guí­a telefónica).