Chávez trata de ser realista en «su» revolución


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Hoy que está afectado en su salud por el cáncer y ve el viraje que están dando en Cuba los Castro, Hugo Chávez se ve algo dispuesto a introducir algunos cambios en cuanto a la verborrea y a las acciones dentro de “su” revolución bolivariana, también llamada “revolución chavista”…

Marco Tulio Trejo Paiz

 


Indudablemente, el mandamás venezolano, ahora que se siente mal en su salud, está pensando en que, como todos los humanos en su situación, está consciente de que es  susceptible de morir en cualquier momento y, entonces, querrá no dejar tantos recuerdos ingratos en los amplios sectores del pueblo. ¡Se comprende la razón que tiene, el histérico dictador del sur, de estar viéndose obligado a echar un poco pie atrás!

Hugo Chávez se halla, claro está, en condiciones de salud sumamente delicadas,  irreversibles. El cáncer es incurable, al menos hasta hoy. La ciencia médica no ha descubierto aún el medicamento de la salvación, por lo que los millones de personas que padecen tan severo e implacable azote están condenadas a morir tarde o temprano. Alivia uno, dos o unos cuantos años más, pero no hay cura… ¡Solo Dios puede recobrarles la salud, pero en el  Creador del Universo no cree cierta gente vací­a como  los ateos del comunismo!

Nosotros dejarí­amos de ser humanos si viésemos con regocijo el caso tan delicado de salud del furibundo gobernante de la patria de Simón Bolí­var. Lo que pensamos es que todos los mortales estamos expuestos a las adversidades del destino. ¡La fatalidad hace presencia en la hora en punto, al igual que la parca con su fatí­dica guadaña!

El tratamiento médico al que se ha visto obligado Hugo Chávez, especialmente con la quimioterapia que, dicho sea de paso, mata las células buenas y malas, le proporciona paliativos; algunos paliativos, recalcamos, pero lejos están de curarlo. Y decimos esto porque vivimos atentos a los posibles avances de í­ndole cientí­fica y, asimismo, a su  impotencia, además de que hemos acumulado experiencia en relación con un lamentable caso familiar, similar al del sargentón…

Al autócrata venezolano, cuyo infortunio estamos comentando, lo vemos en las fotografí­as de los periódicos y en las imágenes de la televisión muy sonriente, pero a ratos, a la vez, muy deprimido y un poco lánguido. Y no es para menos. ¡Está angustiado y lo han de abrumar grandes preocupaciones en lo personal, en lo familiar, en lo estatal y en lo internacional!

Creemos que su soldadesca y su chontada, así­ como sus paniaguados y demás seguidores le han de estar cuidando la “milpa” a causa de su enfermedad. Los ha dotado de armas defensivas y ofensivas. El socializado paí­s a la soviética está, por así­ decirlo, bastante blindado y, por ese motivo, el austral dictador a lo Fidel el travieso, se siente seguro en el  lecho, a pesar de que sabe, como militronche que es, que las grandes potencias pueden “erradicar” en término de horas o de dí­as cualquier orden de cosas como el que protagoniza contra viento y marea, con derroche de excesos, de modo impolí­tico, al margen de las normas diplomáticas y violando el derecho internacional a sabor y antojo, posiblemente con directrices de su padre y maestro ideológico del Caribe… Es más, viene jugando con fuego en franco desafí­o a lo que él llama “imperio”, ignorando las armas sofisticadas, muy “inteligentes” y “convincentes”, incluidas las secretas, capaces de provocar lo imaginable… 

¡Pues bien! Está haciendo lo que se considera relativamente correcto Hugo Chávez en cuanto a la rectificación de lo discursivo o dialectal, al accionar y al dogmatismo polí­tico-ideológico. Y es que rectificar es de humanos; sólo Dios y ciertos cuadrúpedos de luengas orejas no rectifican: Dios porque no comete errores y, los animalitos mencionados,  porque son lo que son…                                                                                                                                                                                                                               

Convenimos, pues, en que Chávez, cogitabundo por sus serios quebrantos de salud, está buscando nuevo rumbo en lo gubernamental. Ha entendido a estas horas, por supuesto, que si se continúa actuando como se ha actuado a lo largo de sus eslabonados perí­odos a lo Castro en el Caribe, a lo Evo Morales en Bolivia; como pretenden Correa en Ecuador y Ortega en Nicaragua, puede irse a pique en el abismo, ya que tiene a más de medio pueblo en la oposición, por lo que se impone un cambio a lo Raúl Castro, el dictadorzuelo de turno en la Cuba comunista que ha estado poniendo “parches” en las áreas más llagadas del cuerpo del paciente impaciente, al dictado de algún carcamal que se mantiene tras bambalinas…