Ante la caída de los precios del petróleo los programas de cooperación venezolanos ya están sufriendo cambios. Sin decir «agua va» y de manera unilateral, el presidente venezolano, Hugo Chávez, en contradicción con los contratos suscritos por su país con otros dieciséis del continente, empezó ya a recortar el crédito que otorga a los envíos petroleros dentro de la alianza energética Petrocaribe. Siempre dije que éste era un acuerdo poco sustentable y sobretodo inconveniente para los guatemaltecos, pues ya estamos observando cómo la parte principal en que se basaba este convenio, sustentado en el crédito que Venezuela le otorgaba a los países miembros de esta alianza, el cual el 60% se pagaba a veinte años y el 40% en los primeros noventa días, ya se está viniendo abajo. No cabe duda que el desplome de los precios del crudo han puesto en evidencia las debilidades de Venezuela por mantener sus programas de cooperación internacional, frustrando así las expectativas de los países beneficiados para invertir en el tema social los recursos que les estaban quedando en calidad de crédito. Por supuesto, el punto de mayor preocupación en este tema para nosotros, era que en determinado tiempo hubiéramos tenido que enfrentar una enorme deuda y con la amargura de haber experimentado el saqueo por la piñatización de este enorme capital. Un hecho repetitivo que la historia nos reclama y sin herramientas para evitarlo, al no ser los guatemaltecos una sociedad organizada para controlar y monitorear nuestros recursos manejados por un gobierno temporal.
De acuerdo a lo que leí en Internet este último sábado en el diario caraqueño «El Nacional», el gobierno venezolano decidió (unilateralmente) reducir de 60 a 50 % el monto financiado de la factura petrolera, a fin de que el 50 % sea pagado durante los primeros 90 días por los gobiernos beneficiados por este crédito, con el agregado de que si la «crisis de los precios» persiste, se irán dando otros recortes de manera gradual. Menos mal que esta decisión llegó antes de que en nuestro Congreso cometieran el gran error de aprobar este acuerdo, y sobretodo cuando aún no nos habíamos divorciado de las grandes transnacionales, ya que PDVSA (Petróleos de Venezuela) no entraba precisamente a competir, sino a sustituir a estas compañías tradicionales que han estado surtiéndonos de combustible. Importadoras que por cierto he criticado (incluyendo a las estaciones PDVSA que tenemos en Guatemala) por no ajustar de manera correcta los precios de los combustibles en el país mientras el valor del petróleo se ha estado deslizando hacia abajo. Dios los cría y el diablo los junta. Pero en fin, a lo que me quiero referir es que de habernos unido y jurado votos matrimoniales con Petrocaribe, con las decisiones de Chávez y como está la situación económica mundial, no hubiera sido nada raro que en un futuro cercano tuviéramos que estar enfrentando un desabastecimiento generalizado a nivel nacional.
Venezuela, un país tan fuerte en producción petrolera pero tan vulnerable económicamente, nunca ha tenido la capacidad para llevar a cabo programas como Petrocaribe y el ALBA. El problema para este país es que el petróleo no constituye un rubro más de su esquema exportador, es casi el único, ya que con una producción de 3.2 millones de barriles diarios, según cifras de ese gobierno, depende en gran medida de sus exportaciones petroleras las cuales representan el 50 % de sus ingresos y más del 90 % de sus divisas. Con los precios del petróleo rondando los 70 dólares el barril, para que Chávez pueda mantener las importaciones de alimentos y otras inversiones sociales en su país y sostener los programas de cooperación internacional que ha impulsado, tendría que hacer uso de sus reservas internacionales de dólares para aguantar a lo sumo unos dos o tres años, enorme estupidez que no podría darse el lujo de cometer. Lo paradójico de esto es que el colapso financiero ha hecho polvo el capitalismo sin regulaciones de Bush, pero también arruinará el populismo de extrema izquierda del Presidente venezolano, basado en los altos precios del petróleo.