Chávez radicaliza su discurso y sus aliados también suben la voz


Imagen de un conmutador del tren en una estación de Parí­s. La huelga de transporte en Francia podrí­a proseguir, de no alcanzar un acuerdo.

La arremetida verbal de Hugo Chávez contra España esta semana evidenció una radicalización en el discurso del presidente venezolano, ampliamente respaldado por sus aliados Bolivia, Nicaragua y Cuba, mientras que Ecuador parece dar señales de desmarcarse del bloque.


Chávez atacó esta semana a España tras el duro intercambio de palabras que tuvo en el cierre de la Cumbre Iberoamericana de Santiago el pasado fin de semana que lo enfrentó con el presidente español, José Luis Rodrí­guez Zapatero, y al rey Juan Carlos.

El venezolano reiteró su acusación de que el ex presidente del gobierno español José Marí­a Aznar era un «fascista» (que fue la que generó todo el incidente que terminó con el rey mandándolo a callar) y anunció una investigación a las inversiones españolas en Venezuela.

Chávez, convertido en un lí­der regional con creciente influencia, recibió el apoyo de sus aliados Nicaragua, Bolivia y Cuba en su cruzada anti-española.

El presidente nicaragí¼ense, Daniel Ortega, descalificó a la generadora de energí­a española Unión Fenosa y a diplomáticos de ese paí­s, de los cuales dijo apoyaron a la derecha para evitar que él subiera al poder.

En Bolivia el roce con España derivó en que el ministro de la presidencia, Juan Ramón Quintana, acusara al partido del ex presidente español Aznar de financiar actividades de la oposición a Morales.

«El Partido Popular del ex presidente Aznar de España está financiando a los departamentos que han ganado con el ’Sí­’ el referendo autonómico», es decir los opositores al presidente Morales, dijo Quintana.

La acusación contra Aznar «me parece una rabieta del presidente (Morales) por lo que le hicieron los españoles al ’tata’ Chávez’», dijo el congresista opositor Paulo Bravo, mientras que otro parlamentario opositor, Carlos Borth, opinó que «causa risa» que Bolivia salga a atacar a Aznar.

También terció en la discusión el lí­der cubano Fidel Castro, quien en una de sus reflexiones resaltó la respuesta «digní­sima» de Chávez al discurso «invertebrado e inoportuno» del presidente Zapatero.

Aznar, quien ha preferido no entrar en la polémica, consideró en Bogotá, donde estuvo esta semana, que los ataques de Chávez contra España y contra él en particular responden a la necesidad de distraer de los problemas internos que vive en Venezuela.

«Yo ya soy lo suficientemente mayor para saber que hay algunas personas que necesitan buscar enemigos externos cuando las cosas se les complica en casa», dijo el ex presidente español.

El canciller español Miguel Angel Moratinos, que ha buscado poner paños frí­os en el incidente, señaló que los mandatarios que han atacado a Zapatero están defendiendo «el modelo de izquierda antigua».

Ya analistas habí­an observado que las grandes diferencias en la Cumbre Iberoamericana se presentaron no entre mandatarios de derecha y de izquierda sino entre matices de izquierda.

Para el analista chileno Patricio Navia, consultado en Santiago por la AFP, Venezuela, Bolivia y Nicaragua «suponen que el Estado puede hacer un mejor papel que el mercado en generar más crecimiento y distribuir mejor la riqueza» a diferencia de otros lí­deres de izquierda de la región como el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, que creen que el mercado es mejor para generar riqueza.

«Por eso los tres han buscado nuevas Constituciones que den al Estado un mayor poder en la economí­a, que consoliden más poder en el Ejecutivo -o sea ellos mismos- y que reduzcan los pesos y contrapesos democráticos de otras instituciones que pudieran frenar sus esfuerzos por convertir al Estado en el principal actor económico», agregó.

En ese panorama revuelto el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, uno de los aliados de Chávez en la región, dio señales de desmarcarse.

En la Cumbre se pronunció contra la reelección indefinida (en momentos en que el venezolano busca una reforma constitucional para aprobar esa figura en su paí­s) y no asistió a la llamada Cumbre de los Pueblos, organizada por grupos de izquierda a la que sí­ fueron Chávez, Morales y Ortega

Y frente al incidente venezolano-español el canciller encargado ecuatoriano Rafael Paredes señaló que «no hay una posición que pueda tomar Ecuador. Una posición que pueda adoptar el gobierno de Ecuador no cabe en este tema».

El Rey gana popularidad

Dos gestos sin precedentes, calificados por algunos de «lamentables», han hecho que el Rey Juan Carlos, jefe del Estado español y sí­mbolo de la democracia, aumente su ya notable popularidad entre los españoles, pero también en los paí­ses latinoamericanos.

Juan Carlos I, rey desde el 22 de noviembre de 1975, dos dí­as después de la muerte del dictador Francisco Franco (1939-1975), fue elegido por éste, en detrimento de su padre, Don Juan, para devolver la monarquí­a liberal al paí­s.

La mayorí­a de los partidos polí­ticos y de la población lo consideran artí­fice de la transición a la democracia y un elemento unificador entre todas las fuerzas y tendencias polí­ticas, caracterí­stica esta última que comparte con el Rey de los belgas.

Como jefe de Estado de una monarquí­a parlamentaria, tiene funciones limitadas por el gobierno y el parlamento.

Su popularidad viene avalada por el protagonismo decisivo que tuvo durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, conocido como «el 23-F», en el que un sector del Ejército se sublevó, asaltando el Congreso de los Diputados, momento que fue visto en todo el mundo a través de la televisión.

El Rey se opuso al golpe y en la noche del 23 al 24 de febrero compareció en televisión, en calidad de jefe de las Fuerzas Armadas, para apoyar la Constitución, que habí­a sido aprobada en 1978.

Desde entonces, las intervenciones del monarca se han reducido prácticamente a las llamadas a la unidad de los españoles en Navidad y, al igual que muchos reyes europeos, se ha mantenido en un discreto segundo plano, respetado, eso sí­, por los medios de comunicación.

El sábado, el Rey, que el 5 de enero cumplirá 70 años, mandó callar en lenguaje llano a un presidente latinoamericano que criticaba a España durante una cumbre iberoamericana, y a continuación abandonó la sala cuando otro continuó las crí­ticas.

La «salida de tono» del Rey es «impropia» de un monarca y «no ayuda a superar los recelos históricos» ni a «corregir la imagen que parte de América Latina tiene de una España anclada en el pasado, y especialmente en su pasado colonial», estimó Joan Ridao, candidato electoral del partido independentista Esquerra Republicana de Catalunya.

«El rey ha roto» todo lo construido durante las 17 cumbres iberoamericanas, en las que ha estado presente, lo que es «una pena», indicó por su parte la periodista de Televisión Española Carmen Enrí­quez.

Pero la mayorí­a parece aprobar esos gestos. «En España, su imagen no ha quedado dañada; todo lo contrario», dijo a la AFP José Ignacio Cases, jefe de departamento de Ciencia Polí­tica de la Universidad Carlos III de Madrid, que estima el apoyo al monarca en el paí­s en el 80%.

Y en América Latina hay una clara división entre dos grupos de paí­ses: los cercanos polí­ticamente a España y «los de la mentalidad bolivariana de Chávez, donde puede ser que la imagen haya quedado dañada, sobre todo si continúa la publicitación por parte de Chávez».

«El trauma desde el punto de vista intelectual y emocional ha sido muy grande», pero «en la latinidad está mucho la pasión y el enfrentamiento verbal y luego las cosas se nos pasan muy rápido», relee una fuente de la Secretarí­a General Iberomaericana (SEGIB).

Para la próxima cubre, dentro de un año, «no quedará ningún resquicio» de este altercado, que «no creo que haya sentado mal; al contrario», agregó esta fuente coincidiendo con la valoración de Cases.

De hecho, el gesto no sólo se ha vuelto inmediatamente popular en España, sino que varios mandatarios latinoamericanos han expresado su apoyo al Rey, como el presidente peruano Alan Garcí­a; el gobierno chileno; el ex presidente mexicano Vicente Fox; el presidente de El Salvador, Elí­as Antonio Saca; y las oposiciones de Nicaragua y Venezuela.

Y aunque la prensa española habla de que Juan Carlos I está viviendo un «annus horribilis», parafraseando a la reina Isabel de Inglaterra, «la situación no es nada comparable» a la de ese paí­s, donde la monarquí­a se ha visto envuelta en numerosos escándalos, y el suceso «no tendrá ninguna repercusión institucional», dijo la periodista Carmen Enrí­quez a la AFP.