Chávez, ¿lección aprendida?


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Nunca simpaticé con la forma y el discurso, pero siempre reconocí que Hugo Chávez tuvo como acierto poner sobre la mesa el tema de la pobreza y transformar el papel del sistema de gobierno para que éste no fuera uno que sólo beneficiara a los que han tenido siempre oportunidades, mayores chances de éxito, sino que pensó en combatir la miseria y la falta de oportunidad de los pobres.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


Chávez murió la semana pasada; solo a la muerte no pudo vencer porque hasta el día de su fallecimiento la oposición venezolana, las élites y los Estados Unidos no pudieron, por la vía electoral o militar, destronar a quien fuera Presidente del país petrolero por más de 14 años.

Millones de personas se alegraron de la muerte de Chávez porque, entre otras cosas, piensan que el sistema que condena a los pobres en lugar de beneficiarlos, con la idea de que su superación impulse el desarrollo de los pueblos, volverá a imponerse y mi opinión es que ahora es el momento propicio para encontrar una fórmula media; a los que tienen oportunidades se les debe seguir alentando y fortaleciendo para que puedan seguir generando desarrollo, pero se debe hacer una fuerte y transparente inversión social en la gente, que al final de cuentas únicamente puede hacer el propio Estado.

Dichos modelos no son excluyentes el uno del otro, pero las ideologías políticas y el morbo las enfrentan y es ahí donde surgen los extremos. O los llamados capitalistas desean amasar la mayor fortuna posible y acabar con lo que queda de un país o un «populista» se va al otro extremo con el afán de reivindicar a los millones de pobres que históricamente, en países como los nuestros, han sido excluidos y despreciados.

Yo me pregunto si se habrá aprendido la lección, porque está claro que personajes como Chávez, que terminan siendo adorados y llorados por su pueblo, son una respuesta a la ineficiencia y falta de interés de las élites económicas que, teniendo total control y acceso a los gobiernos  e incidiendo en la funcionalidad del Estado, no han querido atender las grandes demandas ni encarar los históricos rezagos que se dan en países con brechas sociales enormes.

Chávez y su gente se pudieron haber  aprovechado de la falta de transparencia que caracteriza las gestiones estatales en el mundo, de la misma forma en que lo hacen sus homólogos de la derecha en los países en los que gobiernan. Alegrarse o no por la muerte de Chávez es un tema que cada quien debe resolver con su conciencia, pero no querer ver la realidad, en el sentido que debemos ser más incluyentes, es cosa de todos si queremos mejores países.

No se trata de regalar solo por regalar, porque los gobernantes cuentan con fondos que generalmente vienen del esfuerzo de mucha gente que se traduce en impuestos, pero sí considero importante asistir a las millones de personas necesitadas (en educación, salud, alimentación) para que puedan prepararse y superarse, comprometiéndolos a que deben devolver con la misma moneda que se les da, es decir apoyando a la generaciones que vienen atrás y que buscan las mismas oportunidades.

Lo dije con anterioridad y lo reitero, alentar un capitalismo con visión social no pelea con las ideologías, sino al contrario, debe ser el fundamento de una razón que mira la realidad sin vendas que terminan siendo un lastre para el desarrollo. Como en toda gestión, debe reinar la transparencia, pero ésta la debemos exigir siempre, no solo cuando nos gobiernen personas ajenas a nuestro círculo de pensamiento o económico.

La lección está para quien la desee asimilar y, sobre todo, para quienes Chávez y sus similares, representan lo peor que le pueda pasar a una sociedad, sin darse cuenta que lo peor que nos pasa es la pobreza, el hambre, la desigualdad y la falta de oportunidades que no hemos decidido enfrentar utilizando una correcta y transparente estructura estatal, que complemente los esfuerzos privados que honradamente hacen millones de personas alrededor del mundo.