No ha descubierto el agua azucarada el Presidente Chávez cuando afirma que en Guatemala se planea un golpe de Estado. Creo que en estos países la excepción más bien es vivir en democracia. Lo natural son los golpes. Eso lo sabemos más o menos todos los que de alguna manera estábamos acostumbrados a la injerencia del Ejército en la vida ordinaria de estas naciones.
           Digamos las cosas mejor: no es que quizá ahora mismo se esté fraguando un golpe de Estado en Guatemala, quizá no, seguramente no, pero la propensión y los deseos golpistas están a flor de piel de muchos ciudadanos. Si fuera por muchos aquí estaríamos estrenando gobernante cada seis meses. La tolerancia y las virtudes democráticas no son nuestro fuerte, por eso es que no es accidentado decir que «se planea un golpe». Aquí casi todos los días se confabula, somos «animalis confabulatoris».
           Nosotros confabulamos contra todo y todos: contra los amigos, las novias, esposas, jefes, principios, religión, política, etc. Lo nuestro es la transgresión, el irrespeto, los golpes bajos y el boicot. Somos una especie de Brutos andantes. Cuando se nos permite enterramos el puñal por la espalda y fingimos como si no hubiéramos sido nosotros. Disimulamos y nos hacemos los locos. Pero muy puntualmente confabulamos y cumplimos eso que parece ser nuestro destino.
           Lo que molesta y escandaliza a algunos es que haya sido ese militar de rostro desagradable -el Presidente Chávez- quien haya advertido esas cosas a ílvaro Colom. ¿Y quién lo iba advertir sino él? ¿Acaso cree que í“scar Arias habría hecho semejante llamada de atención? No, por supuesto que no. Arias es demasiado formal, diplomático, tieso y políticamente correcto para arrugarse y ponerse a la luz de los reflectores innecesariamente. Esas perogrulladas sólo las podía decir un Chávez o un Ortega, muy pocos más.
           No nos ahoguemos en un vaso de agua. Usted y yo sabemos que aquí nos sobran ganas para defenestras presidentes. ¿Dígame si no queríamos sacar a sombrerazos a Portillo? Confiésese en su interior y verá que también Usted detestaba al Conejo Berger y, por lo tanto, alguna vez acarició la idea de verlo salir rumbo a Panamá. ¿Dígame si no sueña con ver a Colom en piyamas en algún país de América del Sur? Contrario a lo que sugería Freud, nuestros sueños no tienen un contenido sexual, sino golpista.
           Por tanto, no nos rasguemos las vestiduras y finjamos ofensa por las declaraciones del infame de Chávez. Mejor pongamos nuestra barbas en remojo y si notamos un ligero impulso de violencia, ánimos por la alteración del orden y deseos irrefrenables y precipitados de cambio, todo con un cierto halo de cuartel, botas y uniforme verde olivo, entonces preocupémonos. Digamos que estamos cumpliendo inconscientemente la profecía del abominable venezolano y, aunque no lo queramos, le estamos rindiendo tributo y casi, casi, veneración religiosa a quien supuestamente detestamos.