Chatarreros


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Nada tengo en lo personal en contra de quienes, con el apelativo de chatarreros, trabajan en dicha actividad. Toda tendencia por encontrar un ingreso nuevo que alivie tanta precariedad existente, tiene doble rostro. En situación positiva constituye otro modus vivendi cuando topamos con desempleo, subempleo, también chocamos con pobreza y extrema pobreza.

Juan de Dios Rojas


De esa cuenta la capital en diversas zonas y áreas marginales presenta tenaz forma de lograr ingresos que posibiliten alguna mejoría del presupuesto hogareño. Significa un constante ir y venir de muchas familias de limitados recursos, llevando chatarra en mano, en hombros o espalda, inclusive mediante trocas y asimismo, pequeños vehículos automotores.

No hago cálculos fidedignos, tipo don Lucas T. Cojulún. Grosso modo sí estimo que núcleos considerables van rumbo a esos lugares, en función de bodegas. En consecuencia de tal manera pretendan sea conducido al reciclaje conocido con la mira de posteriormente pasar como de calidad formal, a empresas montadas cuyo destino final es vender materiales de calidad.

El ingenio no desmedido de los connacionales tiene visible presencia, muy creciente cada vez, al paso de los días. La necesidad obliga y sustenta esta ya popular actividad viento en popa, tras la búsqueda lícita de ingresos urgentes y necesarios. Hoy en día los chatarreros se desplazan a cualquier hora, inclusive mediante pregón a finales de la tarde.

Pero, no faltan los aspectos negativos que conllevan acciones vandálicas en este caso de la chatarra y los chatarreros, estos últimos con ejes alrededor de los cuales generan la aludida tarea negativa. Enrolados estas personas de edades diversas, deseosas de darle un destino utilitario a los montones o toneladas, antes lanzadas a la calle, sencillamente.

En la búsqueda de material de mucho mayor peso bruto persiguen otra clase de chatarra, cometen actos delictivos. Sujetos desaprensivos, auténticos malandrines se roban tramos de la línea férrea, para venderla al mejor postor, igual que tapaderas de empresas telefónicas, sin desestimar los tensores de puentes vehiculares, ante más demanda comercial.

Fácil es percibir el enorme daño causado a la ciudadanía, sus intereses están siendo afectados y venidos a menos. Por cierto así como existe ingenio para el hallazgo de ingresos económicos, también sale a luz el peligro a la población, despojada de objetos valiosos al conglomerado.

Hay una constante respecto a la depredación cometida por los delincuentes, dispuestos al irrespeto, abuso y villanía en contra del bien común. De consiguiente, apremia el tiempo de poner a buen recaudo a los zánganos sociales; urge actuar de verdad con mano dura más antes que después. La seguridad ofrecida sobremanera durante la campaña política debe darse.

Que el referido proceder al margen de la ley, aunque parezca increíble pero cierto, no ocasiona ningún asombro. Ocurren infinidad de casos y cosas en cadena, en observable condición, imposible ya muevan hasta el extremo las fibras íntimas. Acaso debido a la inmensa sucesión, hay cierto adormecimiento de nuestras conciencias ubicadas en una ubicación fuera de lo común, prolongada a extremos superiores, sin duda alguna.

Un cambio ostensible constituye una ingrata tarjeta de presentación, por demás inconveniente salta cualquier barrera o muro de concreto. Solían decir nuestros antepasados a menudo, al respecto, “el que no laza, ataja”. Ello trasciende ahora en gran medida toda premonición en desventaja, tendente a superar en todo sentido marcas anteriores, no en reserva.

La condición dicharachera de antaño, enrolada al ingenio y chispa persistente vemos con preocupación gigantesca que abandonó por completo aquella característica positiva. Y en cambio ganan terreno seguro actitudes negativas, que están aferradas en forma granítica, en menoscabo total de los valores humanos, auténtico cimiento, en fin, verdadera piedra angular.