Conocí a Ileana Alamilla en las reuniones de la Asociación de Periodistas de Guatemala, pero nuestra amistad se afianzó en 1998 cuando asumí, por segunda ocasión, la Presidencia de esa organización de prensa y aquella entusiasta abogada y periodista me acompañó en la junta directiva. Años más tarde ella también fue elegida presidenta de la APG y siempre ha integrado la Comisión de Libertad de Prensa de esta institución gremial.
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Para entonces, Ileana se afanaba en el crecimiento de una agencia de información noticiosa alternativa que se distinguiera por su independencia de criterio y por difundir con objetividad acontecimientos ocurridos en la capital y el interior del país, concediéndole privilegio a los hechos, declaraciones, manifiestos y esperanzas de los sectores tradicionalmente marginados, como los indígenas, campesinos, mujeres, cooperativistas y otros grupos similares.
El pasado viernes 8 de este mes, Cerigua -tal el nombre de la agencia- cumplió 25 años de vida, porque salió a la luz el 8 de agosto de 1983, cabalmente con la noticia referente al golpe de Estado que encabezó el militar í“scar Mejía Víctores contra su jefe y compañero de armas Efraín Ríos Montt.
Cerigua se fue abriendo paso con muchas dificultades, pero fue avanzando lenta y firmemente, en vista de la cobertura de temas, agendas y protagonismos que anteriormente eran ignorados, sobre todo porque estableció una red de corresponsales en todas las cabeceras departamentales y la mayoría de los municipios de la República.
Recuerda Ileana que Cerigua asumió los riesgos de dar a conocer noticias que implican peligro, pues enfrentaban poderes inveterados y estructuras sociales obsoletas que construyen la historia de injusticia del país. «Desafiar al entonces ejército represor, romper los muros del silencio, ofrecer la otra versión de los hechos, devolver la voz y el protagonismo al movimiento social, difundir otras versiones sobre la guerra interna, denunciar las masacres y el genocidio -precisa Alamilla-, fueron decisiones y retos asumidos».
Afirma que la rebelión contra el sufrimiento y el compromiso con la justicia social inspiraron la constitución de Cerigua, así como la necesidad de encontrar una solución política al conflicto armado la convirtió en un medio que, además de darle cobertura a la guerra librada y a la represión desatada, circuló información sobre el proceso de las negociaciones de paz. Terminada la guerra y firmada la paz, a Cerigua se le planteó el desafío de renovarse para transitar por ese largo camino hacia la construcción de la democracia, en la cual subyacen la desigualdad y la injusticia.
(Un taimado corresponsal de Cerigua le confía a Romualdo Tishudo: Mi mujer y yo tenemos la misma edad, sólo que ella es unos años más joven, pero sin iva).