Centroamérica: Hacia la Independencia Real


Raul_Molina

El 3 de septiembre fui invitado por el Instituto Chileno-Guatemalteco de Cultura y la Universidad Alberto Hurtado a presentar la visión centroamericana en el Foro “Independencia, federaciones y liberalismo en Latinoamérica en el siglo XIX”. Al reflexionar al respecto, vino a mi memoria la imagen recibida en la escuela: una independencia pacífica, por acuerdo entre los próceres y el Jefe de Gobierno, acompañados en la firma del Acta por marimba y multitudes en la plaza central dirigidas por Dolores Bedoya.

Raúl Molina


¿Por qué los criollos nos dejaron esa historia inexacta para reflejar la independencia centroamericana? Es tiempo de desmitificar ese importante evento.
El Acta de Independencia misma niega lo pacífico de la época. El artículo primero dice: “Que siendo la independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala… el señor jefe político la mande publicar, para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. Para dominar, los criollos debían impedir que el pueblo declarara la independencia. De hecho, la lucha no había sido pacífica, ni por los indígenas ni por los criollos ilustrados y mestizos. La lucha indígena arrancó durante la misma conquista española en 1524 y siguió con cuatro sublevaciones en los 1600, nueve en los 1700 y diez entre 1800 y 1820. La más importante fue la de Atanasio Tzul, en 1820, quien formó gobierno propio en Totonicapán por 20 días, apenas un año antes de la Independencia.
El primer movimiento independentista fue el 5 de noviembre de 1811, en San Salvador, con la conspiración encabezada  por los curas José Matías Delgado y Nicolás Aguilar. Conocida esta acción, ocurrieron una serie de revueltas en León, Nicaragua, en 1811 y 1812. También Masaya se vio envuelta en una sedición que derivó en un levantamiento el 15 de diciembre de 1811 en Monimbó y Diriega. El 8 de enero de 1812 se produjo el asalto al fuerte San Carlos por los granadinos, quienes redujeron a prisión a los españoles. El 21 y 22 de abril se enfrentaron tropas enviadas por Bustamante con los rebeldes y los realistas sufrieron 28 bajas. Se concluyó con un acuerdo, no cumplido, ya que el episodio terminó con el fusilamiento de 16 rebeldes y cárcel para otros 142. En 1813 se produjo en Guatemala un nuevo movimiento independentista: la conjura de Belén, iniciada el 28 de octubre, con religiosos, militares y seglares, encabezados por el fraile Juan de la Concepción. Denunciados por un traidor, el 21 de diciembre fueron capturados. Aunque se dictaron penas de muerte por garrote y horca y otras penas, los rebeldes fueron mantenidos en prisión por cinco años y luego indultados. El 24 de enero de 1814, hubo en San Salvador un nuevo movimiento independentista con participación popular, que terminó siendo desastroso, y su líder Santiago José Celis fue asesinado. De 1814 a 1817, Bustamante desató una persecución en contra de los independentistas y los defensores de las ideas liberales. Como se puede notar, si bien no hubo muchas batallas, nuestra independencia estuvo lejos de ser pacífica.
Los beneficiarios de la independencia fueron los criollos, muy bien caracterizados por Severo Martínez en “La Patria del Criollo”, quienes después de siglos de pugnas con los peninsulares, finalmente lograron deshacerse de estos y asumir el control total de Centroamérica. Se entienden sus vacilaciones, al anexarse a México, con la sola resistencia de los salvadoreños y la opinión contraria de Francisco Morazán. Solamente el 1 de julio de 1823, se hace la Declaración de Independencia absoluta de Centroamérica, para iniciar el período federal. Esta “independencia absoluta” se ha sacrificado ante el imperio estadounidense, pese a la Revolución de Octubre de 1944 y el movimiento revolucionario 1960-1996, aunque se sigue aspirando a la Independencia Real.