Centralismo político e hipotético bipartidismo


Eduardo_Villatoro

Muy rara vez se ventila públicamente otro aspecto que caracteriza al sistema político y económico prevaleciente en Guatemala referente al centralismo en la adopción de casi la totalidad de decisiones que, por supuesto, afectan a los habitantes de toda la República; pero que emanan de la ciudad capital y sin consultar con los guatemaltecos de lo que se ha dado en llamar “la Provincia”.

Eduardo Villatoro


Esta concentración del poder ya no es tan pronunciada como lo era hasta hace pocos años, lo que no significa que la descentralización haya avanzado  ostensiblemente, puesto que persiste la costumbre y el legalismo que la mayoría de resoluciones que repercuten en todo el territorio nacional son asumidas por autoridades que desconocen la idiosincrasia y necesidades de comunidades alejadas del centro hegemónico.
  
Traigo a colación estas vagas reflexiones a propósito de la iniciativa del presidente Pérez Molina en torno a reformar la Constitución, llamándome  especialmente la atención lo que incumbe a la redistribución de los distritos electorales, porque hasta reputados y grandilocuentes analistas que residen en la capital o su área de influencia urbana y que quizá tampoco conocen más allá de las goteras de la metrópoli (como ocurre con diputados que supuestamente representan a un departamento en especial y que sólo han visitado su cabecera) afirman con categóricos criterios, que podrían considerarse dogmáticos, que debe descartarse esa remota posibilidad porque provocaría el surgimiento del “bipartidismo” político.
  
Probablemente tal argumento no causaría extrañeza si lo plantea un dirigente de la clase política; pero que lo esgriman personas con estudios superiores y sumergidos en investigaciones personales, para devenir en profesionales dedicados al examen de los componentes de un fenómeno o de una realidad concreta, no deja de provocar aunque sea pequeña dosis de asombro, habida cuenta que excepto en las elecciones de 1985, cuando se disputaron la Presidencia el demócrata cristiano Vinicio Cerezo y el centrista conservador Jorge Carpio Nicolle (vilmente asesinado), surgió una relativa discrepancia ideológica; pero de allí en adelante los aspirantes presidenciales que rivalizaron entre sí con la victoria electoral de uno de ellos, no significó una diferente concepción o antagonismo de ideologías, simplemente porque todos han sido postulados por partidos de efímera existencia y frágil consistencia, de suerte que desaparecieron gradual o súbitamente del mapa político después de que sus abanderados ejercieron el poder, además de que representaron y defendieron, como en la actualidad, los intereses de la cúpula económica dominante.
  
Pero para retomar el tema de la centralización, incluyendo la faceta mediática y  el ámbito del debate de ideas, pocos se ha tomado la molestia de enterarse de la opinión de los guatemaltecos del interior del país, por lo menos consultando a analistas de las comunidades de provincia, a fin de establecer en teoría la inclinación de esos guatemaltecos en torno a la reconfiguración de distritos electorales, porque siempre se recurre a científicos sociales oriundos o residentes en la capital y localidades adyacentes, que divagan en la tesis sin aterrizar en la praxis.
  
Procuraré en próxima ocasión razonar sobre bases prácticas mi posición acerca de esa recomposición distrital, basado en hechos reales, como lo hice anteriormente.
 
 (El analista Romualdo Tishudo cita a Charles De Gaulle:-Como los políticos nunca creen lo que dicen, se sorprenden cuando alguien sí lo cree).