Celebrar y honrar a la patria hoy


Se dice que el 15 de Septiembre cumplimos 189 años de independencia. Algunas personas más osadas dirán que se cumplen 189 años de libertad. En Guatemala si algo caracteriza a la sociedad es la falta de memoria histórica, y el desinterés de los canales de información, y de las estructuras de poder, de presentar la historia de nuestro paí­s.

Juan Pablo Ozaeta

También podrí­a decirse que el sectarismo de la sociedad guatemalteca, nos pone en pugna siempre en cuanto a lo que verdaderamente ha ocurrido en el paí­s. Y por ello cabe la pregunta ¿a quienes se dirigen estas fiestas de independencia?

En la práctica, se observa que dirigida hacia la juventud de los centros educativos, a quienes se les quiere transmitir el amor por la patria. También la celebración es para el pequeño, mediano y grande sector comercial que aprovecha ese sentimiento patriótico de la temporada para canalizar su mercado.

Ahora, el tema es ¿a quiénes les pertenece esa independencia? Se nos educó para creer que en 1821 se consolidó una patria libre de colonialismo. Si bien, formalmente, esa patria sí­ se consolidó, en la práctica la mayorí­a de la población -el pueblo maya principalmente- mantuvo su condición de colonato, al servicio de una raza criolla y terrateniente.

Tal como refiere el sociólogo Sergio Palencia, que durante la colonia, las relaciones de poder ejercidas por el poder colonial se basaban en que «los indios trabajaran en el abastecimiento de la provincia y en la producción para el comercio centro-periferia» mientras que existí­a una «segregación y marginación que sufrirí­an las poblaciones autóctonas en detrimento de una unidad nacional».

De esa manera se funda un estado dividido y racista. Se crea la República Federal de Centroamérica -RFC- que luego se divide en cinco estados, más adelante la reforma liberal, el perí­odo de revolución y contrarrevolución, los gobiernos militares y la guerra, y la época neoliberal. Y ¿cuánto han cambiado esas relaciones de poder?

Esa relación de colonato aún persiste. Ese interés de los sectores dominantes por empujar a las poblaciones empobrecidas -de mayorí­a indí­gena- a producir lo que les conviene, y esa segregación de las poblaciones, que aún son desplazadas de sus territorios, aún persiste. Y llama la atención que, durante la colonia, mientras la población sometida es el motor de la producción, la población dominante va estableciendo una definición del modelo de la guatemaltequidad, según expone Palencia. Y eso también persiste. El «ser chapí­n» es algo definido por quienes ostentan el control de los medios de comunicación y quienes los copan de publicidad.

Y cuando se habla de «ser chapí­n», es decir, de la identidad del guatemalteco, se habla la mayorí­a de veces, en que es alguien «trabajador -chambeador/chispudo-, amable-chilero- y honesto -cabal-«, y también del que se siente orgulloso de lo que tiene, y del lugar en el que vive, por todas sus riquezas geográficas.

Pero poco se habla de la historia de sufrimiento padecida por un sinnúmero de personas que han habitado este paí­s. Se niegan a mostrar que guatemaltecos son también toda la niñez de la calle, olvidada y marginada por este sistema. También la población indí­gena y campesina que sale a las calles a reclamar que sigue viviendo subsumida hacia sectores poderosos que los siguen viendo como la mano de obra barata. También son los estudiantes por la autonomí­a, y no sólo los jóvenes por Guatemala.

Para honrar a nuestra patria debiéramos darnos la oportunidad de conocer nuestra historia, con todos sus enfoques. Y para honrarla debiéramos pensar un nuevo modelo de estado-nación, en el que la nación sea para toda la población que la habita, no una donde unos sigan viviendo al servicio de otros.