Es sabido que las cebras, como mecanismo vial, son trazadas en cruceros peligrosos para facilitar la movilización peatonal. Recién fueron pintadas sobre el pavimento de la 20 avenida, zonas 1 y 6 capitalinas.
jddrojas@yahoo.com
En apariencia las mismas integran el instrumento que protege la seguridad física de los transeúntes que pasan las de Caín en dichos cruceros, a veces conformantes de verdaderas trampas mortales en medio de la vorágine citadina.
Ello al final queda una vez más en mera letra muerta y cuando mucho en nada más buenas intenciones. El caos vial imperante en nuestra ciudad, cuyas arterias ya no se dan abasto, a causa del desmedido parque vehicular de aquí y allá.
Eso y muchas normas como disposiciones de buen gobierno no tienen el debido acatamiento. Al contrario, el irrespeto e irresponsabilidad a la orden del día, acaparan seguidores al por mayor. Todo rumbo al colapso en nuestro medio envolvente.
Da grima observar comportamientos antisociales, ilícitos también, de los automovilistas reacios. Hacen caso omiso de las cebras y echan encima su automotor al confiado peatón que se expone a tiempo de pasar sobre las mismas.
La amarga realidad la genera el crecimiento poblacional y pérdida de valores humanos. Los viandantes son auténticos hormigueros en bocacalles. Y visto está, sin asomo de duda, terminan siempre llevando la peor parte en el maremágnum.
El complemento que puede garantizar la operacionalidad de las cebras aludidas es destacar agentes de la Emetra en esos cruceros citados. Y en consecuencia aplicar sanciones a tantísimo contraventor en el acto. Ya es tiempo de sentar precedentes enérgicos en beneficio colectivo y de sus intereses lesionados.