Cataclismo… en el Gobierno


La radio, la televisión y los medios escritos han informado sobre las denuncias, enfrentamientos y destituciones que se han producido en el Ministerio de Gobernación, en el de Agricultura y entre los ministros de Energí­a y Minas y de Medio Ambiente, así­ como la remoción obligada del Ministro de Educación, lo que evidencia la enorme inestabilidad del suelo y subsuelo en el que se encuentra el Gabinete General del Gobierno.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Ante esa circunstancia, qué gobernabilidad, qué estabilidad puede considerarse que existe para el tercer año del mandato de ílvaro Colom y del partido Unidad Nacional de la Esperanza. Si ese es el presente, cuál será el futuro a mediano y largo plazo, qué sucederá con la gobernabilidad, cuáles son los resultados que esto producirá en seguridad, educación; qué pasará en la agricultura, producción y costos de la canasta básica. Adicionalmente, qué es lo que va a acontecer con la extracción de petróleo.

 

Un terremoto, un tsunami destruye en segundos lo que durante muchos años se ha construido y aun cuando el presidente Colom no logró, en sus primeros años de gobierno, evidenciar mayores logros, hoy no se puede decir que lo poco que habí­a obtenido va a mantenerse.

 

Por supuesto que quienes han jugado a la inestabilidad, a la inmovilidad del presente y el futuro del paí­s, estarán celebrando que el Gobierno, el Presidente y el partido gobernante no hayan sabido actuar y se estén cayendo a pedazos. Pero si bien esa destrucción puede beneficiar a ciertos grupos de poder tradicionales, no beneficia a la mayorí­a de los guatemaltecos.

 

Acaso no se da cuenta el gobernante que cada dí­a más carece de sustento y que ante la mayorí­a de la población le esta aconteciendo lo que la naturaleza produjo en Chile; es decir, la destrucción de la estructura social, la inestabilidad y la pérdida del desarrollo y progreso que tanto necesita nuestro pueblo.

 

Construir un paí­s multiétnico, multicultural y multilingí¼e, como el nuestro, no es un proceso de cuatro años, pero destruir los pocos avances que se puedan haber logrado es cuestión de segundos. El repetirlo evidencia la angustia, el desconcierto que nos produce a quienes independientemente de lo que pueda ser el calificativo que merezca un Gobierno, a pesar de todo y a pesar de todos, deseamos que Guatemala no continúe acercándose a un precipicio porque la caí­da de nuestro paí­s en esa espiral hace que nos estemos yendo en un abismo, lo cual implica que sabemos que entramos en un vací­o de donde no conocemos cómo podemos salir.

 

Es tanto el desconcierto, es tanta la inestabilidad en el desgobierno que nadie más que las cúpulas pueden ser los beneficiados y ello no nos lleva a la consolidación y el desarrollo de la democracia, mucho menos a un Estado de Derecho. En otras palabras, tristemente y al igual que nos sucede en la parte impositiva y sin haber tenido un terremoto o un tsunami, estamos llegando a encontrarnos como Haití­, sin Gobierno, sin estructuras, sin credibilidad, sin saber qué es lo que sucederá en los meses que todaví­a faltan de mandato.

 

Ante esta vorágine ¿qué es lo que puede suceder, un suicidio polí­tico o el rompimiento, que ningún guatemalteco bien intencionado desea, del Estado de derecho y de la democracia.