Castro y Zelaya


La decisión de Fidel Castro de recibir a Manuel Zelaya, presidente de Honduras, no puede pasarse inadvertida en el contexto nacional luego de la visita de nuestro presidente, ílvaro Colom, quien llegó hasta con la máxima condecoración nacional bajo el brazo, pero no pudo concretar su muy publicitado anhelo de ser recibido por la figura emblemática de la Revolución Cubana. De hecho, la excusa que en nombre de su hermano ofreció el presidente de Cuba, Raúl Castro, al decir que en el caso de las presidentas de Argentina y Chile las habí­a recibido en atención a su sexo, quedó desvirtuada horas después cuando dedicó varias horas a conversar de variados temas con Leonel Fernández, presidente de República Dominicana y con el también mandatario Zelaya de Honduras.


Personas que tienen conocimiento de las interioridades polí­ticas de Cuba han dicho que el Gobierno de Guatemala cometió un error al querer forzar la reunión con Fidel Castro porque ese viejo dirigente no funciona a base de presiones y menos a cambio de condecoraciones. Zelaya no dijo que querí­a reunirse con él y realizó su visita a Cuba en el marco de lo que establecí­a el protocolo, es decir, recibiendo la atención de su homólogo, Raúl Castro, y su hermano habí­a escrito, al referirse a la larga entrevista con Fernández, que lamentaba no tener tiempo para atender al hondureño. Sin embargo, sin aspavientos ni alusiones al deseo que pudo tener Zelaya de reunirse con un dirigente al que evidentemente admira mucho, el encuentro se produjo en términos que el mismo Fidel elogia en la columna que escribió sobre el particular.

No queremos seguir remachando en un tema que ha sido abundantemente abordado por ciudadanos de todas las tendencias ideológicas y de hecho cuando se supo de la reunión de Fidel Castro con el Presidente dominicano no quisimos aludir a la cuestión, pero el caso del mandatario de un paí­s vecino adquiere otra dimensión porque la República Dominicana tiene ancestrales lazos con Cuba por la proximidad geográfica, pero Honduras y Guatemala tienen en buena medida condiciones geográficas muy similares y, además, históricas por la relación de ambas naciones con Cuba y con Estados Unidos en temas vinculados.

Ya no es cuestión de tener faldas ni de recibir a los más próximos. Para su futuro, el presidente Colom tiene que reflexionar respecto a qué fue lo ocurrido en su caso, puesto que la recepción a Zelaya marca una notable diferencia. ¿Será porque Castro no siente ví­nculo con la cacareada lí­nea socialdemócrata del mandatario guatemalteco o simplemente porque no le gustó el estilo burdo para forzar a la entrevista? En cualquier caso, le conviene averiguar la verdad verdadera.