Castrados en historia: un pueblo que no conoce quién es


El Archivo General de Centro América (AGCA) es un importante referente cultural e histórico, no sólo para el paí­s, sino para Centroamérica y, en fin, todos los interesados en la historia de las colonias españolas en América. Pero, también, evidencia los problemas que en cuanto al tema de la investigación histórica se tiene en el paí­s.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Actualmente, la atención de los archivos históricos se centra en la labor de la Procuradurí­a de Derechos Humanos en el archivo de la antigua Policí­a Nacional, en donde se busca ordenar la información y establecer algunas evidencias para conocer la historia durante la guerra interna.

También han sonado recientemente las investigaciones que se realizarán en los archivos militares, tras el anuncio del presidente ílvaro Colom. Se espera, asimismo, que se esclarezcan algunos hechos que ocurrieron durante la guerra.

Sin embargo, otros tipos de archivos existen, como los eclesiásticos, donde sobresale el de la Catedral Metropolitana, el cual está siendo actualmente revisado y reclasificado; o los archivos familiares y personales, que podrí­an representar una enorme riqueza.

AGCA

En 1935, todaví­a en tiempos del presidente Jorge Ubico, el AGCA era una enorme masa de papeles sin orden. Por suerte, se contrataron los servicios de José Joaquí­n Pardo, un profesor de primaria que dedicó gran parte de su vida en clasificar el archivo.

Desde el mencionado año, hasta 1964, se dedicó a clasificar y a elaborar las fichas de consulta, tarea que no concluyó debido a la enorme cantidad de documentos. Al observar el fichero de consulta, Pardo logró ordenar la información del perí­odo colonial guatemalteco. Contrató la ayuda de cuatro de sus compañeros, que al igual que él no sabí­an nada de archiví­stica ni de historiografí­a, pero les ayudó la buena intención. í‰stos elaborarí­an el fichero de los documentos coloniales del resto de provincias de Centroamérica.

Inconclusa quedó, pues, la clasificación del perí­odo republicano de la corta Federación centroamericana, y la posterior república guatemalteca.

Hoy dí­a, el fichero del AGCA es motivo de diversas opiniones. Hay quienes opinan, como el historiador Celso Lara, que esta clasificación es asombrosa, y consideran a Pardo como un buen soldado de la historiografí­a guatemalteca.

Sin embargo, hay quienes se quejan del poco rigor cientí­fico de esta clasificación. Aunque todos concuerdan en que el aporte de Pardo fue muy valioso.

Este es el caso del investigador austrí­aco Franz Binder, quien ha trabajado constantemente en el paí­s, durante varias décadas.

Hace algunos años, Binder tuvo algunos problemas, que incluso le valieron la cárcel; según el austrí­aco, él habí­a encontrado algunas incongruencias en la clasificación de Pardo, por lo que hací­a anotaciones para reclasificar y presentar su propuesta.

Algunos de sus detractores se quejaban de que las anotaciones las realizaba sobre las fichas, lo que constituí­a una falta grave para la investigación y para la conservación de estas piezas que, desde ya, son históricas. Pero Binder se defiende argumentando que querí­a hacer un bien y que no anotaba sobre las fichas. Pero ése no es el punto ahora.

Binder ha presentado propuestas para mejorar la investigación histórica en los archivos, las cuales no han sido tomadas en cuenta. Buenas o no tan buenas propuestas, el interés de este investigador es atacar a ciertos problemas que adolecen el trabajo de archiví­stica.

Problemas

El problema más evidente es que los documentos históricos conforman un importante legado para la investigación, pero también son objetos de colección, sobre todo algunos documentos.

Hace unos diez años, salí­a a luz una noticia de que por Internet se estaban subastando documentos históricos que presuntamente deberí­an estar en el AGCA.

El caso más recordado es la venta, por 25 mil dólares, de un documento del cabildo abierto de Santiago de Guatemala (hoy La Antigua Guatemala), del 24 de julio de 1556, la cual adquirió relevancia porque contení­a la firma del cronista Bernal Dí­az del Castillo.

Un año después se conocí­a de la subasta por Internet de 56 decretos reales firmados por el entonces rey Felipe III, emperador de España, fechado entre el 18 de mayo de 1600 y el 15 de junio de 1628, los cuales fueron vendidos en 35 mil dólares.

Investigadores que acuden al AGCA, suponen la pérdida de varios documentos, probablemente para su venta, debido a que, al momento de pedirlos, se les notifica que no fueron ubicados. Podrí­a ser que se hayan perdido, traspapelado o extraí­dos.

Se sabe, entre los ejemplos más resaltantes, que faltan unas actas del Congreso Federal de 1826, o el acta dictaminada contra Atanasio Tzul, el indí­gena de Totonicapán que se proclamó Rey en uno de los esfuerzos previos de independencia de Centroamérica.

Consecuencias

Ya varios años han pasado de que estos casos de subasta de documentos históricos se intenten vender. Lo cual no indica que no se siga dando, sino que podrí­a ser que ahora las empresas de venta tienen más cuidado.

Aunque siga pasando o no, las autoridades culturales del paí­s no han implementado polí­ticas para la protección del patrimonio; en este caso, el de la documentación histórica.

Ni siquiera se tienen programas para la revisión de las clasificaciones ni la conclusión del trabajo de José Joaquí­n Pardo.

Lo que sí­ es de notar, por ejemplo, es que buscar a través del fichero del AGCA aún es un dolor de cabeza para el investigador más experimentado, ya que debe tener la paciencia de buscar entre un enorme fajo de documentos que le presentan al solicitar un tema.

El AGCA, por su parte, lanzó recientemente el sistema de fichero electrónico, lo cual facilita la investigación. Esto denota un avance en la investigación, pero aún falta digitalizar gran parte del archivo.

Pero, ante todo, lo realmente malo es darse cuenta la poca preocupación que existe ante este tema. El no prestar atención a estos problemas de investigación histórica es reconocer que no nos importa la historia nacional.

El AGCA usualmente es más utilizado por investigadores extranjeros, que vienen al paí­s para recabar información de sus investigaciones particulares. Obviamente, también existen investigadores guatemaltecos, pero por unos pocos no se puede elaborar la regla.

Otros archivos

Aunque el AGCA es el archivo de mayor referencia en el paí­s, actualmente existen otros archivos que están siendo revisados. El de la antigua Policí­a Nacional ha sido revisado por la Procuradurí­a de Derechos Humanos, en una investigación que pretende esclarecer algunos casos de desapariciones forzadas, aunque no se descarta que se encuentren más datos interesantes para reconstruir la historia de Guatemala. Es el mismo caso que el Gobierno de la República, a través de la Secretarí­a de la Paz (Sepaz), pretende hacer con los archivos militares.

Sin embargo, tanto el archivo de la Policí­a Nacional, como los del Ejército han suscitado fuertes polémicas, por considerarse que están abriendo viejas heridas.

El de la Policí­a Nacional ya está encaminado, pero los archivos del Ejército, la Sepaz reconoció recientemente que sólo cuentan con el acceso del 25 por ciento de ellos, y que hay personas que intentan bloquear. La Corte de Constitucionalidad rechazó en esta semana un recurso que buscaba impedir el acceso a estos archivos, para esclarecer supuestos casos de genocidio durante la guerra.

En otras palabras, el acceso a estos archivos puede ofrecer fuertes evidencias para reconstruir la historia; o, es decir, nos encontramos ante un panorama en que los guatemaltecos nos conocemos poco a nosotros mismos. De ahí­ radica la importancia de investigar, clasificar y dar a conocer el contenido de lo almacenado en los archivos.

Según el ya citado Franz Binder, quien asuma la dirección del AGCA, también está facultado para investigar todos los archivos del paí­s. Sin embargo, la situación no es de esa forma. El archivo de la Policí­a Nacional está siendo clasificado por la acción de la Procuradurí­a de Derechos Humanos; si no es por estos esfuerzos, la investigación archiví­stica no avanzarí­a.

Incluso cabe preguntarse, ante el reciente ingreso del Registro Nacional de Personas (Renap), ¿qué pasará con toda la documentación almacenada en los archivos municipales? í‰sta podrí­a ser una buena tarea por realizarse en los futuros años, en donde se podrí­an encontrar varias sorpresas.

Otro esfuerzo importante en archiví­stica es el realizado con el Archivo del Arzobispado de Santiago de Guatemala, que desde la llegada de monseñor Rodolfo Cardenal Quezada Toruño, un clérigo que ha tenido preparación académica, ha querido impulsar la reclasificación, largo proceso que actualmente se desarrolla.

Historia personal

Pero la reclasificación de archivos no es proceso que únicamente se da en documentación oficial del Estado. De acuerdo con Artemis Torres, doctora en Historia y experta en Archivos, y quien fungiera por un tiempo la dirección del AGCA, los esfuerzos de reclasificación son importantes.

Pero ella explica que ha participado en proyectos de clasificación de archivos familiares. Comenta que recientemente lideró la ordenación de un archivo de una familia que tiene sus orí­genes en la Colonia.

El archivo estaba conformado por cuadernos de apuntes, libros de cuentas, documentos comerciales, etc. Ahí­ se pudieron encontrar algunas sorpresas, como monedas antiguas, fotografí­as; también se extrajeron algunas conclusiones de la familia, que podrí­an encaminar a investigaciones históricas de carácter comunitario.

Por ejemplo, comenta Artemis Torres, que según los archivos de esa familia, se pudo observar que fueron las mujeres que más se atreví­an a innovar en la comercialización de productos no tradicionales, mientras que los hombres demostraban su preferencia por permanecer con los productos de probado éxito.

Esto, según la experta, podrí­a encaminar una investigación con la hipótesis de que las mujeres comerciantes en Guatemala son las que han provocado los cambios comerciales en el paí­s.

Conclusiones

í‰stos sólo son algunos ejemplos de la problemática de los archivos en el paí­s. Todo ello conduce a una sola conclusión: no conocemos nuestra historia, y no nos interesa conocerla.

Varios de nuestros males pueden ser diagnosticados, como si fuera un chequeo médico, con la investigación histórica, pero ésta está poco desarrollada en el paí­s.

Dar importancia a la archiví­stica, desde la personal y familiar, hasta las más grandes, como la municipal, gubernamental o estatal, es dar importancia a una buena parte de lo que somos.

Sin embargo, la imagen que mejor nos identifica es la de aquel hijo, que cuando mueren sus padres, llega a la casa de éstos y mira todas las cosas guardadas por sus progenitores, y hasta dice: «Toda la basura que guardaban», y sin revisar, la tira a la basura, y luego pasa un buen desinfectante.