Manuel Castells afirma que vivimos en la era de la información. El período de la revolución digital. Es este el nuevo mundo que habitamos. Una especie de postindustrialismo en el que la tecnología ha cambiado radicalmente nuestros estilos de vida y nuestros modos de verla.
Semejante paradigma no habría sido posible de no ser por tres circunstancias que acomodadas originaron la sociedad en la que vivimos. En primer lugar, cambios culturales producto quizá de un reclamo de autonomía. Se cita por ejemplo, el Mayo francés (1968) como un elemento modélico de una estructura en ebullición importante. La emancipación femenina, y las luchas frecuentes en reclamo constante de mayor libertad.
En segundo lugar, la crisis y reestructuración del industrialismo y sus dos modos de producción asociados, capitalismo y estatismo. Se muestra como evidencia principal la caída del muro de Berlín y el derrumbe del modelo soviético. La Perestroika y la glásnost. La asunción del modelo capitalista permitió el terreno fértil para que el dinero fluyera y los genios innovaran.
Por último, nada de lo que vivimos hoy habría sido posible sin la revolución en las tecnologías de la información y la comunicación. La contribución de iluminados como Steve Jobs y Bill Gates hizo que los tímidos aportes iniciales en el mundo de la informática se multiplicaran y se pusieran al alcance de las masas. Silicon Valley se convirtió en el lugar privilegiado de innovación tecnológica.
El boom digital nos ha cambiado radicalmente, explica Castells, pero aún no conocemos hasta dónde llegaremos. Solo es posible, dice, atisbarlo a través de la ciencia ficción, pero nada más. Para el sociólogo español todavía nos falta ver cómo la tecnología afectará el mundo de la ingeniería genética. La creación de robots, la cura de enfermedades, la ingeniería de alimentos… todo hará que este mundo sea un completo desconocido en poco tiempo.
Pero el milagro no se ha dado en virtud de la sola información, sino en la capacidad del hombre de procesarla. No basta la información aislada, es preciso combinarla, sintetizarla y reinventarla para avanzar. De aquí que hay que cuidar los énfasis con eso de “la era de la información” o quizá matizar más las ideas para la comprensión adecuada del fenómeno. Hemos revolucionado el mundo por la potencia de la tecnología para combinar los datos, dice Castells.
Ese es el mundo en el que vivimos, para muchos mayores de edad, un planeta totalmente nuevo y quizá generador de bastantes miedos. Lo mejor, sin embargo, me parece, está por llegar.