Así decía mi abuelita, y cuando se le mencionaba la palabra divorcio, se santiguaba.
Se informó que el Papa Benedicto XVI reiteró, en Lourdes, Francia, su rechazo al divorcio y sostiene con firmeza, la indisolubilidad del matrimonio (por la Iglesia Católica), refiriéndose a los sacerdotes franceses que han bendecido a parejas de católicos divorciados. Cuando la pareja contrae matrimonio por el rito católico, el cura le dice al «novio»: «Esposa y no esclava te doy». Esta misma advertencia la hace el abogado en el matrimonio civil, que es el legal, y le lee los respectivos artículos del Código Civil, pero al novio se le entran por un oído y se le salen por el otro, pues ya en su hogar la mujer pasa a ser eso, esclava.
En la actualidad se ha puesto énfasis en condenar la violencia intrafamiliar, hay Procuraduría de la mujer así como tribunales específicos. Recuerdo que en tiempos del dictador Ubico había un juzgado de familia a donde acudían las mujeres bien para reclamar pensiones alimenticias o quejas por maltrato intrafamiliar. El resultado era que el acusado, ipso facto tenía que pasar esos emolumentos y por el otro lado iba a romper piedra a la Penitenciaría Central o al Campo de Marte.
La Iglesia Católica siempre ha estado en contra del divorcio, por ser un sacramento, pero en los casos extremos se torna en algo abominable, como cuando el marido llega a su hogar en estado etílico a destruirlo todo, a abofetear a la esposa, a patearla, estrellarla contra la pared y arrojarla violentamente al piso y seguir dándole puntapiés y algunas veces sin respetar su estado gestante le provoca un aborto; esta situación se repite cada fin de semana sin respetar la presencia de los hijos menores que se escandalizan y prorrumpen en llanto y gritos y por añadidura ellos también son victimas de esa situación. Algunas mujeres han optado por el suicidio, y otras por eliminar físicamente al esposo con la consiguiente encarcelación y abandono de los hijos.
Por lo que se ve, el Sumo Pontífice ni sus Cardenales han tenido que afrontar situaciones de esta naturaleza y han tenido una niñez apacible, como tampoco hayan sido testigos de estas escenas. Me han contado que algunas mujeres en tales circunstancias han acudido en procura de consejo y ayuda con el cura de su iglesia, pero las respuestas han sido: «Es su cruz, llévela con humildad», o «Dios la está probando para ver si tiene fe en í‰l». ¿Cuándo se puede tener humildad o fe en tales circunstancias?
Pienso que en estas situaciones la Iglesia Católica debe ser analítica y consecuente con este sector de su feligresía y considerar la situación de estas mujeres, aunque también se dan casos de «mujerismo» en los cuales el hombre, con poco carácter, pasa a ser la víctima, o que la mujer le resulte una casquivana.
En el siglo XXI que estamos viviendo, es necesario tener otra óptica del entorno, no ser extremamente conservador. La Iglesia Católica ganaría mucho si tratara de estar más acorde con los tiempos modernos. En el caso de los divorcios, como se deja apuntado, pienso que se está mal interpretando la Gracia Divina.
íTEM MíS: Cuando fallezca, van a celebrar una misa de cenizas presentes.