Cartuchos valiosos


Hay cartuchos que no pueden desperdiciarse y el poder de convocatoria que tiene un gobierno cuando acaba de asumir sus funciones es uno de ellos; todos sabemos que salvo raras excepciones, que en nuestro caso no hay, todos los gobiernos van perdiendo popularidad desde las primeras horas y por ello es que siempre se ha dicho que lo que no se hace al principio ya no se puede hacer después porque no sólo los atrapa el dí­a a dí­a con su infinidad de problemas, sino que además se deteriora la autoridad moral que tení­an al momento de la investidura.


El llamado ayer al Diálogo Nacional puede ser uno de esos cartuchos valiosos que no se pueden quemar por gusto y la reacción de los sectores invitados hace ver que hubo poco ruido y menos nueces. Para decirle a los sectores que todo el esfuerzo de diálogo se hará mediante los Consejos de Desarrollo no hací­a falta esa convocatoria que desencantó a muchos de los presentes y que significó un cartucho menos en las alforjas del Gobierno. Se supone que tras la elaboración de un plan de gobierno en el que se contemplaba el diálogo como instrumento para la búsqueda de consensos, el Gobierno tendrí­a ayer una idea más clara de los objetivos del diálogo, de los mecanismos para hacerlo efectivo y de cómo garantizar el cumplimiento de los acuerdos. La presentación, en cambio, fue desafortunada porque de entrada ya se dijo que nada será vinculante y por lo tanto otra vez lo hablado quedará en pura palabrerí­a. Y entendemos que no se le puede imponer al Congreso el contenido de los acuerdos del diálogo, pero hay que buscar mecanismos para que los partidos con representación parlamentaria asuman compromisos en las mesas de diálogo.

Si el Gobierno actual piensa que su autoridad moral permanecerá incólume y que podrá convocar a los sectores cuantas veces quiera, a pesar del desencanto que se notó ayer, están ciegos porque no hace falta ser clarividente para entender que no gozarán de ninguna complacencia de los orientadores de la opinión pública. Y mientras con los sectores populares el problema será que al no dar respuesta a sus demandas con la velocidad que éstos esperan se irán distanciando de ellos, con los sectores de poder económico el problema estará en la discrepancia respecto a las prioridades de la inversión nacional.

Un diálogo bien planificado y mejor estructurado hubiera sido una bocanada de oxí­geno que este gobierno está requiriendo mucho antes de lo previsto porque un mes es demasiado pronto para haber acumulado tan larga lista de problemas. Pero al trasladar el mecanismo a los Consejos de Desarrollo hay que entender por qué no han funcionado para introducir los cambios que los hagan útiles al sistema de fortalecimiento de la participación ciudadana. Conceptualmente es correcto decir que el diálogo no debe ser entre cúpulas sentadas en hoteles de cinco estrellas de la capital, pero operativamente hay que comprender que no será fácil ver resultados de un mecanismo que requiere, para empezar, del rediseño de los Consejos de Desarrollo.

Preocupa ver que en un tema que se publicitó tanto, sobre el que se hizo crear tanta expectativa y que es parte del plan de gobierno, existiera al final tan poca claridad al momento de presentarlo. Si eso pasa con una de las joyas de la corona del Gobierno, qué podemos esperar de otras iniciativas menos cacareadas y en las que evidentemente se ha trabajado menos. Cartuchos como el de ayer hay que usarlos con tino porque estarán quemados cuando hagan falta.