Ni a trancazos se dan por aludidos. Se han publicado decenas de artículos de opinión, numerosas cartas de lectores han aparecido en los diarios impresos, diputados de todas las tendencias han expresado su malestar, dirigentes empresariales han lanzado severos señalamientos, líderes de la sociedad civil han manifestado su reprobación y no hay parranda, velorio o reunión de neuróticos anónimos en las que no se critique a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Pero siguen inmutables.
eduardo@villatoro.com
  A causa de otros sucesos de importancia que han acontecido, ya perdí la cuenta de las veces en que estos altos funcionarios del Organismo Judicial han celebrado sesiones específicas para elegir al presidente de la Ce Ese Jota, pero creo que ya van llegando a 30 plenarias, y no hay modo que se pongan de acuerdo.
  Ante la intransigencia de los 13 magistrados llegué a sugerir que dirigentes políticos, representantes de cámaras empresariales, delegados de federaciones sindicales, personeros de los colegios profesionales y directores de otras asociaciones gremiales se apostaran en pasillos del edificio de la Corte Suprema de Justicia y alrededor del Salón de Sesiones de ese cuerpo colegiado, para no dejarlos salir hasta que eligieran su presidente, sin proporcionarles más que agua pura, panes con frijoles y rollos de papel higiénico. No me hicieron caso, por supuesto.
  Mi compañero columnista José Antonio García Urrea propuso un medio tradicional para salir del impasse, en el sentido de que cada uno de los juristas que no han presidido la CSJ escribieran sus nombres en sendos papelitos y, luego, los colocaran en un sombrero, para que, acto seguido, un abogado que no fuese miembro de la Suprema Corte extrajera uno de esos papelitos con el nombre de quien, de esa manera, se convertiría en presidente de la CSJ. Como era de prever, ni siquiera leyeron la morrocotuda ponencia.
  Vino a Guatemala el relator de la ONU para la Independencia de Jueces y Abogados, el jurista argentino Leandro Despouy, quien les dio  regañada de padre y señor mío a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, pero tampoco reaccionaron. También el doctor Carlos Castresana, jefe de la CICIG, criticó la  actitud de los funcionarios judiciales. Como oír llover.  Y ahí siguen emberrinchados cada uno de los dos grupos en que se ha dividido la CSJ.
   A mí se me ocurre que para salir de ese embrollo, los magistrados compitan en una carrera de encostalados, y el que llegue en tercer lugar asuma la Presidencia de la Ce Ese Jota. Eso sí, en la modalidad de subir de espaldas las gradas del edificio y con los ojos vendados.
  (El jurista Romualdo Tishudo le envía a los magistrados de la CSJ esta sentencia de Mahatma Gandhi: «Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria»).