Carlos Figueroa y Edna Ibarra, asesinados por el delito de pensar (I)


Carlos-Caceres-Ruiz

Los psicólogos Edna Albertina del Tránsito Asunción Ibarra Escobedo (Momostenango, Totonicapán, 15 de agosto de 1923) y Carlos Alberto Figueroa Castro, conocido como Chalas (San Andrés Itzapa, Chimaltenango, 13 de marzo de 1928), fueron asesinados por el delito de pensar (luchar por la democracia y libertad, aportar académicamente, investigar, leer, escribir). Dos humanistas que aprehendieron su medio social, lo dieron a conocer y supieron crear sus propias realidades. Fue una concepción revolucionaria de sus vidas. Dos seres humanos cuya sensibilidad se formó en la entraña misma de su pueblo. En algunos paí­ses quienes piensan reciben apoyo y sus aportes son reconocidos a nivel interno e internacional. En Guatemala no, se les encarcela, destierra o mata –y así­ ha sido durante años– especialmente durante el gobierno del general Fernando Lucas Garcí­a, quien, después de haber sido Ministro de Defensa, lo eligió el Ejército guatemalteco para ser presidente de Guatemala (1978-1982), ante el auge del movimiento revolucionario.

Carlos Cáceres R.
ccaceresr@prodigy.net.mx

 


Los esposos Figueroa Ibarra se graduaron de psicólogos (Don Carlos en 1968) en la Universidad de San Carlos de Guatemala y, posteriormente, fueron maestros de esa institución. Doña Edna obtuvo el tí­tulo de maestra de educación primaria a los 16 años con el recuerdo del Instituto Normal Central para Señoritas Belén, cuyas directoras invocaban el autoritarismo ubiquista. Doña Edna fue maestra en Chimaltenango y como psicóloga, se dedicó al trabajo clí­nico con menores de edad. Muchas generaciones los recuerdan con afecto por su trato humano que siempre los distinguió. Ante estos hechos, la pregunta es: ¿Cuál fue el motivo que tuvieron quienes decidí­an los crí­menes durante el gobierno de Lucas Garcí­a, para ametrallar a dos psicólogos apreciados en la sociedad guatemalteca? Inicialmente debe contestarse que las carencias intelectuales de los asesinos, su  intolerancia, ausencia de ética y acendrado anticomunismo (ignorancia de lo que es un sistema jurí­dico, corrupción, participar en la invasión a Guatemala en 1954, cometer asesinatos, y lealtades criminales), junto con quienes ejecutaron la acción (hombres ocultos en los diferentes cuerpos de seguridad, entrenados para reprimir y especializados en terrorismo psicológico (Ver Watson, Peter, Guerra, persona y destrucción, N. Imagen, México, 1982), así­ como agentes parapetados en grupos de criminales como el Movimiento de Acción Nacionalista Organizado –MANO–, Ejército Secreto Anticomunista –ESA–, Nueva Organización Anticomunista –NOA–, Consejo  Anticomunista de Guatemala –CADEG–, y decenas más, para simular que los organismos de seguridad se encontraban fuera de esas actividades homicidas. Pero fue en vano: nadie en Guatemala desconoce hoy la verdad de la etapa de terror luquista que asesinó a Don Carlos y Doña Edna en un afán de que prevaleciera la frase fascista: ¡Muera la inteligencia!
     El hecho que Don Carlos fue un estudioso de la Ciencias Sociales y  su militancia sindical en México y en el Partido Popular Socialista (PPS), fundado por Vicente Lombardo Toledano, permitieron que fuera invitado a impartir conferencias sobre socialismo. En 1951 Don Carlos ingresó al “(…) naciente Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), en cuyas filas militó hasta el mismo dí­a en que fue asesinado junto a mi madre”, –afirma su hijo Carlos Figueroa Ibarra–.
Nota: el Programa Nacional de Resarcimiento y la Secretarí­a de la Paz, realizarán el Acto de Dignificación y Cambio de la Rosa de la Paz en memoria de Carlos Alberto Figueroa Castro y Edna Ibarra de Figueroa. Palacio Nacional de la Cultura, Patio de la Paz, 28 de octubre, 11:00 horas.