Tal y como lo manifestara en mi primera entrega: “Cara a cara, Presidente”, el lunes 29 de julio de 2013 y en las subsiguientes entregas publicadas, “toda persona bien nacida aspira a que Guatemala se desarrolle y logre disminuir el hambre, la enorme pobreza, extrema pobreza, la desigualdad en el ingreso y se obtenga el progreso de nuestra sociedad”.
jfrlguate@yahoo.com
Por ello y sin pretender antagonizar a usted, Presidente, a la señora Vicepresidenta y al Gobierno en general, basado en la experiencia de haber ejercido el cargo durante cuatro años consecutivos de Vicepresidente de la República y en 82 oportunidades el de Presidente en funciones, que suman aproximadamente 300 días, he considerado oportuno y pertinente opinar sobre lo realizado por el Gobierno en catorce publicaciones, incluyendo la presente, con el deseo que las mismas puedan ser motivo de análisis, reflexión e inquietud, que le permita a usted y a los miembros del Gobierno que preside, tomar acciones y decisiones en bien del país.
Son múltiples los aspectos a los que podría referirme; sin embargo, por razones obvias me he concretado a los temas, las necesidades y compromisos que implican la seguridad ciudadana, donde considero que el actual ministro, Mauricio López Bonilla, sin duda está haciendo un gran esfuerzo, lamentablemente los índices de violencia evidencian que el esfuerzo no es suficiente y cambiar la situación de inseguridad por la que atraviesa el país es una tarea no de cuatro años. Aunque cada día cuenta e importa, la principal tarea es transformar el recurso humano, la calidad de los oficiales, clases y elementos que integran la Policía Nacional Civil.
En la segunda entrega, insistí en la necesidad de crear plazas de trabajo dignas y adecuadas, que eleven el poder adquisitivo, a través de los salarios y prestaciones de todos los guatemaltecos. Ningún subsidio, ningún programa social puede remplazar, ni mucho menos superar que cada uno de los guatemaltecos pueda, a través de su trabajo, satisfacer las necesidades materiales de su hogar, de su familia, de sus hijos.
En la siguiente entrega insistí en la trascendencia e importancia del salario mínimo, factor de redistribución de la riqueza, también insistí en la necesidad que en Guatemala, a través de las universidades, el Ejército y los institutos regionales Adolfo V. Hall, se realice la oferta de una educación técnica, sin la cual estamos condenados a no desarrollarnos económicamente como sociedad, como país.
Subsiguientemente, abordé el tema de la canasta básica, que en los últimos tres gobiernos los ministros de Economía y todo el personal de esa dependencia no han querido abordar, por el contrario, se han hecho tontos, ignorando que el elemento que más puede contribuir a la desnutrición y al subdesarrollo infantil es que en los hogares no exista la capacidad de compra de la canasta básica alimenticia.
Señalé que la libre competencia no debe ser el producto de la enseñanza en una universidad o en tanques de pensamiento, sino debe ser la realidad que compruebe que libre competencia es ofrecer los productos de consumo, los bienes y servicios a precios competitivos y que ello no consiste en vedar la importación de los productos que el mercado pueda ofrecerle al consumidor competitivamente de terceros países, siempre y cuando no exista ni subsidio ni dumping, por cuanto no se justifica que los guatemaltecos tengan que sobrepagar ningún artículo para el beneficio de los productores locales. Libre competencia es eficiencia en la producción y precios.
¡Guatemala es primero!