Cara a cara Presidente (IV)


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Así como los salarios justos, la oferta de trabajo es un compensador social, también el velar oficialmente porque no se incrementen los precios de la Canasta Básica: huevos, harinas, pan, pollo, carne de res, pastas, cereales, grasas y aceites, es obligación del Gobierno a través de los Ministerios de Economía y Agricultura. La libre competencia es que la oferta de los bienes mencionados a precios y calidades estén similares a México, Centroamérica y a los que rigen en el mercado internacional, “es lo justo y necesario”.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com


Si un artículo que se produce en Guatemala no puede competir, a pesar que no tiene fletes marítimos ni enormes gastos de empaque o almacenaje y menor costo de mano de obra, por qué fomentar y pretender privilegiarlo, lo mismo se aplica a los medicamentos. Debe existir públicamente un sistema de análisis y comparación de lo que cuestan los huevos, la carne de pollo, las medicinas en México, Centroamérica y Guatemala.

El contrabando del que se queja un pequeño grupo de productores existe porque el precio de oferta en México y países limítrofes es mucho menor; por consiguiente, por qué no importar estos productos, acaso no tenemos un Tratado de Libre Comercio. Si el cartón de huevos vale en Guatemala Q40 y en México Q30 o menos refleja una diferencia del 25%, nadie puede pensar que los pollos mexicanos comen menos concentrado, requieren menos vacunas y cuidados o que producen 25% de huevos más que los pollos chapines.

Cualquier persona que visite los mercados de los departamentos limítrofes con México encontrará numerosos productos mexicanos, incluso elaborados por los mismos fabricantes internacionales, de igual calidad, con la diferencia, por ejemplo, que la caja de cereal es mucho más grande y a veces llega a contener el doble, lo cual indudablemente significa una diferencia de por lo menos el 50% de costo o precio real. Todos deseamos que Guatemala sea autosuficiente en la producción alimenticia, pero no podemos pretender que la mayoría de los guatemaltecos le paguen a un fabricante 25% o 50% más por un producto de lo que podemos comprarlo con solo cruzar la frontera.

La competencia debe ser real y justa; el Gobierno, léase los ministerios de Economía y Agricultura, deben comparar y fiscalizar para que no haya abuso hacia los consumidores guatemaltecos.

En nuestro país, especialmente en el altiplano, áreas del oriente como Jalapa, son propicias para la producción de verduras, frutas y granos, ello conlleva que el Ministerio de Agricultura asuma el rol de asesorar y estimular la producción de pequeños agricultores, de forma individual o mediante las cooperativas que son sumamente eficientes. El riego, las semillas mejoradas, el fertilizante duplican y hasta triplican la producción de todos estos alimentos y bienes de consumo agrícola, lo cual se refleja en un efectivo combate a la desnutrición que sufre más de una tercera parte de la población infantil. No hablemos que los guatemaltecos consuman bledo, chipilín y verdolaga, aunque no nos opongamos a que quien desee y necesite hacerlo lo haga, está comprobado que la desnutrición requiere proteínas, carbohidratos y calorías, en Guatemala, una eficiente labor agrícola de pequeños productores puede lograrlo.

Es importante que en los próximos dos años de su gobierno se dupliquen las áreas irrigadas y a los guatemaltecos que prestan servicio militar se les tecnifique, igual que optativamente a quienes estudian en Adolfos V. Hall puedan, en dos años adicionales, especializarse como peritos agrónomos y forestales.

¡Guatemala es primero!
Continuará.