Candidaturas al acecho


En materia polí­tica no hay espacios vací­os. La polí­tica, y por ello nos cuesta entenderla a veces, no tiene como referente lo que se produce con el comportamiento que de la materia a la fí­sica. El «espacio» en liderazgo polí­tico no es la excepción. La casi desesperación que expresa la oligarquí­a nacional, se ha visto igualmente nutrida con nuevos arrojos en la búsqueda de acentuar el status quo. El caso Rosenberg les ha caí­do como anillo al dedo, o quizás ellos han articulado el dedo y fabricado el anillo.

Walter Guillermo del Cid Ramí­rez
wdelcid@intelnet.net.gt

Un espacio polí­tico empezó a ser llenado en la Plaza Italia. La última jornada del domingo pasado, cuya marea blanca enarbola la lucha contra la impunidad, de la que todas las personas de bien, no podemos más que estar de acuerdo, nos ha mostrado a una cúpula empresarial en franco proselitismo. Con un mensaje cuya lectura, sin mucho detenimiento, pretende apuntalar desde ya una eventual candidatura con miras a las próximas elecciones de 2011.

Ha sido un acto casi desesperado. De hecho en la anterior concentración a la comentada. A petición de las personas que por ahora dirigen el denominado Movimiento Cí­vico Nacional, que en un principio aceptaron la incorporación de los polí­ticos de oposición, les invitaron a no pronunciarse en las tarimas por ellos montadas. Caso contrario ocurrió con quienes ahora se encuentran aglutinados en la cúpula empresarial del paí­s. Repito sin la presencia de los «polí­ticos» de oposición.

El domingo último se produjo una simbiosis de mutuo beneficio. Unos ponen la plata. Otros enarbolan los estandartes y fabrican el tablado, enví­an los correos, encargan la reproducción de los lemas. Ellos, vestidos de blanco, casi impolutos, aceptan el desafí­o y se dirigen a una muchedumbre entremezclada con aromas de un Chanel No. 5 con un Hugo Boss y similares. Todos corean el cese de la asfixiante impunidad. Luego del acto público, esa dirigencia con diligencia se dirige a beber los néctares que Baco ha añejado en cosechas de 12, 18 y más años. Un gran cambio de actitud para que nada cambie.

Pero qué pudo haber motivado este renovado interés del empresariado por el manejo de las polí­ticas públicas. El descalabro de los grandes capitales en el extranjero les ha obligado a cerrar filas locales. Han estrechado los espacios de participación. Han reducido las canonjí­as a la clase polí­tica que ellos históricamente, han estado acostumbrados a corromper.

En todas partes, con una preclara noción democrática, las sociedades con una dirigencia polí­tica comprometida con el futuro colectivo, configuran y superan las debilidades de sus respectivos Estados. Aquí­, por el contrario se pretende mantener la figura de un Estado al gusto de unos pocos. Sin embargo, mi pregunta aún deambula en el ambiente. No se ve clara la respuesta. ¿Qué ha motivado este denodado interés del empresariado por lo público en el ámbito nacional?

Pudiera ser la reiterada necesidad de ellos por evitar a toda costa que se desví­en los rumbos por esta Guatemala nuestra -de todos nosotros-, dejando senda tarea a una dirigencia polí­tica que ya no les lee adecuadamente las lí­neas de un guión que han estado acostumbrados a dictar. No se trata del supuesto pago de facturas a los patrocinadores de campaña, eso serí­a muy poco, serí­a rencoroso. Se pretende algo más. Algo más complejo. Más amplio.

Si los discursos del domingo 14 de junio darán suficiente cuerda de aquí­ hasta dentro de un año, cuando en efecto arranque la carrera proselitista, sólo el tiempo nos dará la respuesta. Que hay candidaturas al acecho es innegable. Que puedan concluir con un movimiento que genere simpatí­as que a su vez se exprese en las urnas, está por verse. ¿Qué ficha polí­tica o emblema electoral habrán de utilizar para concretar sus aspiraciones? ¿Será factible que acentúen sus acciones para apresurar las reacciones? ¿Podrán continuar prescindiendo del liderazgo polí­tico establecido? De esto también el tiempo nos dará las respuestas a estas y otras interrogantes.