Más de 1,100 millones de dólares es el agregado que los mexicanos han puesto sobre la deuda que ya viene jalando el pueblo sobre sus espaldas, con la finalidad de combatir el cambio climático. Se calcula que, en términos generales, los mexicanos llevan una carga de 40 mil pesos por cabeza, debido al endeudamiento de la economía de ese país norteamericano. La noticia de la nueva deuda de México, so pretexto de combatir el cambio climático se dio a unos días del inicio de las negociaciones de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP16), que inició en la ciudad de Cancún del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010.
México, como país anfitrión, es el responsable de conducir las negociaciones, a pesar de que a nivel doméstico el Gobierno ha sido censurado por la sociedad civil por alimentar un discurso doble, con el que intenta asumir un liderazgo, a elevación internacional, en la moderación del cambio climático, mientras que su política pública permanece en la explotación y dependencia económica del petróleo. De acuerdo con organizaciones de la sociedad civil, la deuda externa de los países pobres está directamente ligada a la imposición de políticas económicas y públicas que fomentan la explotación irracional de recursos naturales a favor de empresas transnacionales, generando con ello mayor deuda ecológica. El propósito ambiental se está prostituyendo y el verdadero espíritu del ambientalismo se está convirtiendo -o ya se convirtió- en un instrumento más para hacer dinero y promover mayor consumo global. Como se expresa en corrillos, ahora los Estados buscan la manera de cobrar por la conservación de bosques con la finalidad de que los países dominantes puedan consumir y contaminar más, con la conciencia limpia, porque ya pagaron en efectivo, a países pobres, su derecho a contaminar. Pero los informes proporcionados por la Organización Meteorológica Mundial son claros: los niveles de concentración en la atmósfera de los gases causantes del efecto invernadero han alcanzado su nivel más alto desde el inicio de la Revolución Industrial. La humanidad, como ha sido desde sus inicios, escucha… mira y se lamenta, pero no acciona como debería accionar para protegerse de la hecatombe que ya se perfila como la nube más negra que ha visto desde siempre. Desafortunadamente puede apreciarse que Cancún podría ser únicamente un encuentro de transición entre Copenhague y el que se teme podría ser la reunión «definitiva» sobre cambio climático: Durban; ideada como la última coyuntura para entablar una táctica común para la protección medioambiental. Si fracasa la reunión de diciembre de 2011 en Sudáfrica, es posible que los países comiencen a desarrollar estrategias unilaterales, bilaterales como mucho, y sin consenso internacional, según los expertos. Si más adelante cada quién quiere, unilateralmente, reducir el impacto del calentamiento global, se cree que habrá países que tomen decisiones equivocadas. Por esa razón y por muchas más que sería largo enumerar, se debe conservar la acción multilateral para que se vayan obteniendo consensos con respecto a los sistemas que puedan reducir de la manera más rápida la emisión de gases de efecto invernadero. La situación global, bajo esta óptica, es sumamente delicada y frágil para la humanidad en el corto y mediano plazo. Veamos si, en Cancún, gana el pulso el gran capital o el buen juicio.