Ataviados con su ropa de faena y sombrero guajiro, algo nerviosos por los trámites burocráticos, campesinos cubanos formaban filas ayer en oficinas estatales para pedir tierras ociosas en usufructo, que decidió entregar el gobierno de Raúl Castro.
«La tarea es producir alimentos para el pueblo, es lo que se nos pide y por eso estoy aquí», dijo Miguel Pera, de 68 años y quien aguardaba su turno para pedir 2,5 ha, de las 80 ha de tierras disponibles en Arroyo Naranjo, municipio ubicado en el sur de La Habana.
«A ese pedazo de tierra le saco chispas, lo pongo a producir en un santiamén», añadió el fornido guajiro que, poco habituado a trámites legales, estaba confundido pero confiado en que su solicitud sería aceptada.
La medida fue aprobada en julio por Raúl Castro como parte de cambios que impulsa desde que tomó la Presidencia en febrero, y tras declarar la producción «máxima seguridad», en un país con 50% de sus tierras agrícolas subutilizadas y que este año importará alimentos por 2.500 millones de dólares, 1 mil 100 más que en 2007.
Los trámites para solicitar las tierras ociosas se realizan en las delegaciones municipales del Ministerio de la Agricultura (Minag), cuyas autoridades explicaban ayer por la radio a la población.
«Es un trámite simple, una declaración jurada que viene a ser la solicitud», comentó en la estatal Radio Rebelde, el director del Centro Nacional de Control de la Tierra del Minag, Pedro Olivera.
En Arroyo Naranjo, con una superficie agrícola de 3.338 ha -entre ellas 80 ociosas-, unas 60 personas formaban fila para hacer los trámites, una cifra que superó las expectativas de su delegado de Agricultura, Gilberto Zayas.
«No esperaba a tantas personas, ahorita vamos a tener más personas que tierra para repartir», pero «es bueno, aquí lo que hay es que producir comida para el pueblo», expresó Zayas.
A su paso por la isla con sólo diez días de diferencia, los huracanes Ike y Gustav dejaron, además de siete muertos y decenas de miles de damnificados, unos 5 mil millones de dólares en pérdidas por cultivos e infraestructura agrícola, social y energética dañada o destruida totalmente, según cifras preliminares.
Algunos campesinos como José Ramón Vega, de 39 años, que desde hace ocho años explota una parcela de 0,25 ha y solicitó ahora otra de 4 ha, llegaron a la oficina con el pedazo de tierra ya escogido, otros lo hacían en misión de exploración.
«Vengo a ver cuáles son las opciones que nos dan, pienso retirarme y dedicarme a sembrar», dijo Juan Bautista, un chofer de ómnibus de 65 años.
Según la ley, las tierras se entregarán a particulares por un término de diez años postergables, en un máximo de 13,42 hectáreas (ha), y para el caso de quienes ya posean en propiedad o usufructo no podrán exceder las 40,26 ha.
También se autoriza a explotar tierras ociosas a granjas estatales, cooperativas y entidades no agropecuarias, por un término de 25 años renovable, sin límite de extensión.
El Estado controla más del 90% de la economía en Cuba y la medida no cambia la propiedad, pero sí la tenencia de la tierra, al favorecer la proliferación del minifundio.
La medida establece que los productores deberán pagar un impuesto -cuyo monto no fue precisado- por el usufructo, no podrán vender ni ceder la tierras.
La delegación de Agricultura fija la línea fundamental de producción a partir de los intereses de cada región y de las características del suelo, dejando un espacio para el autoconsumo. El campesino puede vender sus excedentes productivos.
«Â¡Mira!, eso tiene que ser así, sobre todo ahora, en momentos en que el país está atravesando por una situación muy difícil, pero no será así siempre», dijo Marciano Fuentes, de 65 años, quien solicitó 4 ha para trabajarlas junto a su mujer y sus hijos.