¿Campesinos narcoterroristas?


Reclamar razones históricas, no implica «satanizar» las reivindicaciones sociales. La lucha popular, también históricamente reprimida, además, es matizada para justificar el uso de métodos violentos para acallar la voz de los que exigen una vida digna.

Lourdes ílvarez
usacconsultapopular@gmail.com

El modus operandi de estrategias utilizadas para descalificar y desbaratar al movimiento social en épocas pasadas tiene gran similitud con el manejado en «época de solidaridad» y, sobre todo, de gobierno «socialdemócrata».

En declaraciones de prensa, funcionarios (incluyendo al presidente ílvaro Colom) aseguraron que campesinos de Izabal son «terroristas», no aclarando una serie de contradicciones sobre los recursos empleados para liberar a turistas belgas, o el asesinato de Mario Caal, del que se acusa a las fuerzas de seguridad.

Según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, tras el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, los labriegos que se habí­an beneficiado con la redistribución de tierra gracias a la Reforma Agraria, fueron llamados comunistas y reprimidos con toda la fuerza nacional y de EE.UU., dejando millones de personas asesinadas. Hoy, ante las nuevas exigencias y «contexto», los campesinos pasan a ser «narcoterroristas», aduciendo que tienen ví­nculos con capos de la droga y eso justifica iniciar nuevamente la persecución.

El despliegue de la fuerza Kaibil a Izabal, es indicio de alerta. «Vamos a combatir a los narcotraficantes o terroristas», aseguró el vocero de la Defensa. Quizá el impacto de estas operaciones no cause mayor desvelo en los grandes narcos, ha quedado demostrado que el trasiego de droga no ha sufrido variaciones considerables, porque esas estructuras alcanzan, incluso, a gente del mismo Estado.

No obstante, bajo el calificativo de «terroristas», los campesinos están siendo convertidos en parte del «nuevo enemigo interno» y hasta internacional cometiendo graves abusos que desatan consecuencias lamentables.

Colocar en el mismo nivel a narcotraficantes, terroristas y campesinos es absurdo. La tierra guatemalteca está concentrada en manos de pocas personas, los campesinos no reciben atención, se privilegian los combates y desalojos contra el diálogo, y de ahí­ deviene el problema.

La instalación del Centro de Arbitraje Agrario se realizó a finales de la administración anterior, pero ahí­ quedó todo. Los Tribunales Agrarios, necesarios para resolver la mayorí­a de conflictos donde el arbitraje se queda corto, tampoco avanzan.

Los casos no son aislados. En diferentes regiones, incluso en la periferia capitalina, las personas ya no pueden más, porque continúan viviendo en lugares, donde ni los pájaros quieren hacer nidos.

Es necesario dejar los intereses particulares de lado, y trabajar a favor de la seguridad alimentaria y sobre todo de la vida digna con igualdad de derechos para todos.