Pese al sabor asiático de una final anunciada, y la eliminación de equipos con carteles de «trabucos», el II Clásico Mundial de Béisbol dejó más cosas positivas que negativas, y experiencias que curan en salud a los organizadores para la tercera edición en el 2013.
El II Clásico beisbolero patrocinado por la Major League Baseball (MLB) y la International Baseball Federación (IBF) culminó anoche con la victoria de Japón sobre Corea del Sur 5×3.
«El torneo ha sido un éxito para la globalización del béisbol, con cifras superiores de asistencia a los estadios, y ha mostrado el gran desarrollo de los países asiáticos y el progreso en otros continentes», dijo Bud Selig, comisionado de la MLB, al hacer una evaluación del evento.
Cuando el pasado 5 de marzo 16 selecciones de igual número de países comenzaron a desandar el Clásico, muchos se atrevieron a adelantar la final asiática que se produjo 17 días después.
No había que ser adivino para intuir que, al igual que el torneo de 2006, Japón, Corea del Sur y Cuba arrancarían con ventaja, dado que estaban en plena temporada de sus respectivos campeonatos beisboleros.
Ni tener tampoco una bola de cristal para predecir lo que iba a ocurrir con República Dominicana, Puerto Rico, Estados Unidos y Venezuela, cuyos peloteros apenas comenzaban a estirar piernas y brazos.
En el caso de Cuba, no es tan sorpresiva su caída en segunda ronda si se tienen en cuenta las deserciones en sus filas de un Clásico a otro, las derrotas en los últimos torneos internacionales, y la falta de fogueo foráneo de sus jugadores.
Una de las críticas más comunes al Clásico es su fecha de realización en marzo, justo con el inicio de los campos de entrenamiento de las Grandes Ligas, lo cual impide que la mayor parte de los jugadores convocados estén en forma, y propicia la resistencia de los dueños de equipo a ceder sus costosas inversiones por temor a una lesión.
«Entiendo que la fecha de marzo no es la mejor para los equipos de las Grandes Ligas, pero es la única que tenemos, es imposible programarlo en otro momento del año», apuntó Selig.
Selig pidió a los dueños de equipos que dejaran a un lado sus intereses individuales y pensaran más en el futuro del béisbol, deporte amenazado con la extinción olímpica.
«Es el momento de pensar más en el conjunto global que en la parcela provincial de cada uno», argumentó Selig.
También hubo críticas al sistema de competencia, que entre otras cosas dio lugar a que Japón y Corea del Sur se enfrentarán en cinco ocasiones en este Clásico, dos en primera ronda, dos en segunda y la final.
Selig debe luchar porque el Clásico entre por casa, pues fue evidente el desinterés en fanaticada local, contrario a las cifras récords de asistencia que se lograron en Tokio (Japón), Montreal (Canadá), San Juan (Puerto Rico) y Ciudad de México.
La respuesta de los fanáticos en esas ciudades, y el buen nivel de organización, lleva a los promotores a pensar en expandir el negocio y ya se piensa en convocar a 24 equipos para el III Clásico.
Es hora de que Selig y sus asesores le hagan justicia a países deseosos y merecedores de una sede como República Dominicana y Venezuela.
En el caso de Cuba, dadas las críticas del ex presidente Fidel Castro a la organización del Clásico, podría ser que la MLB le haga un pequeño guiño a la isla comunista dándole la sede de un grupo eliminatorio.