Qué pena. En balde se gasta dinero, tiempo, horas hombre y materiales. La gente es refractaria al cambio, visto está. Tal el caso de las campañas preventivas respecto a evitar accidentes automovilísticos. Emprendidas las mismas por entidades afines de servicio, aran en el mar, no cabe la menor duda.
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El parque vehicular presente descomunal crecimiento. Razón por la cual los conductores echan en saco roto cualquier recomendación. Contradictorio es, dicha razón sin razón tiene seguidores en línea obtusa. En conjunto generan el papel fatídico de la muerte sobre ruedas, a velocidades turbo, sin comparación.
Cuál es en resumen la prisa característica de una mayoría de personas al volante. Cabe el señalamiento constante de movilizarse con prudencia, pero nada de nada. Podremos atribuirlo al sellos de agitación y aceleración, unidos por el eje, tampoco. Entonces viene a cuento que todo operativo fracasa ni bien entra en vigencia.
La mala costumbre que hoy en día casi se vuelve moda fuera de lo común, sobrepasa todo cálculo al respecto. Calles, avenidas, calzadas capitalinas son el escenario de película. A los agentes de Emetra les juegan la vuelta, pese a los aditamentos que poseen, supuestamente, con miras a ejercer un verdadero control.
De consiguiente, ahí se ubica la motivación del aprestamiento de esas campañas preventivas. Que impere la razón, el respeto y consideración a los demás. Sin embargo, hay que reconocer sin embages que todo esfuerzo no funcione. Caen en el triste y aberrante papel de llevar la contraria.
En qué recóndito sitio personal se escuda, mejor dicho se oculta la cultura opuesta a prevenciones, es cosa difícil de reconocer. Olviden el rol social que toda persona debe cumplir al pie de la letra. Consistente en pocas palabras que como tal se debe asímismo a la sociedad su retribución.
Puntualiza el hecho digno de un estigma para clasificarlo, cuando el piloto marcha a velocidades exorbitantes. Así sea también en carreteras interdepartamentales, o internacionales. No sale del antisocial papel de rebasar, ajeno a que en modo alguno es de su exclusividad, con toda desfachatez, abuso y prepotencia.
Nadie puede inscribirse en la omisión de esos ilícitos que ponen en riesgo la vida humana, algo más causan muertes valiosas por su condición de seres humanos. Pero el caos vial resultante de tantísimo patán al frente del timón, cobra vigencia y mayores volúmenes en estas fechas.
La euforia propicia devenida de las conmemoraciones de fin y principio de año constituye el motor potente accionado por dementes del volane. Disuadir a los energúmenos de marras, ya casi es imposible. De qué manera las mentes previsoras, a cargo de las campañas aludidas, logran el entendimiento esperado.
Basta ya de tanta víctima de accidentes automovilísticos abundantes, las estadísticas escalofriantes lo revelan. Tendrán acaso otro yo que les marque un alto al desenfreno imperante en la capital y el interior del país. Todos hacemos votos por que en algún momento recapaciten.
Por igual la imprudencia manifiesta siempre terror. Igual actúan conductores de vehículos livianos como pesados en sus recorridos funestos. Empero, es en balde cualquier campaña preventiva para evitar accidentes, no se diga si dejan de implementarse al ver los resultados.