Campañas preventivas, en balde


Qué pena. En balde se gasta dinero, tiempo, horas hombre y materiales. La gente es refractaria al cambio, visto está. Tal el caso de las campañas preventivas respecto a evitar accidentes automovilí­sticos. Emprendidas las mismas por entidades afines de servicio, aran en el mar, no cabe la menor duda.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

El parque vehicular presente descomunal crecimiento. Razón por la cual los conductores echan en saco roto cualquier recomendación. Contradictorio es, dicha razón sin razón tiene seguidores en lí­nea obtusa. En conjunto generan el papel fatí­dico de la muerte sobre ruedas, a velocidades turbo, sin comparación.

Cuál es en resumen la prisa caracterí­stica de una mayorí­a de personas al volante. Cabe el señalamiento constante de movilizarse con prudencia, pero nada de nada. Podremos atribuirlo al sellos de agitación y aceleración, unidos por el eje, tampoco. Entonces viene a cuento que todo operativo fracasa ni bien entra en vigencia.

La mala costumbre que hoy en dí­a casi se vuelve moda fuera de lo común, sobrepasa todo cálculo al respecto. Calles, avenidas, calzadas capitalinas son el escenario de pelí­cula. A los agentes de Emetra les juegan la vuelta, pese a los aditamentos que poseen, supuestamente, con miras a ejercer un verdadero control.

De consiguiente, ahí­ se ubica la motivación del aprestamiento de esas campañas preventivas. Que impere la razón, el respeto y consideración a los demás. Sin embargo, hay que reconocer sin embages que todo esfuerzo no funcione. Caen en el triste y aberrante papel de llevar la contraria.

En qué recóndito sitio personal se escuda, mejor dicho se oculta la cultura opuesta a prevenciones, es cosa difí­cil de reconocer. Olviden el rol social que toda persona debe cumplir al pie de la letra. Consistente en pocas palabras que como tal se debe así­mismo a la sociedad su retribución.

Puntualiza el hecho digno de un estigma para clasificarlo, cuando el piloto marcha a velocidades exorbitantes. Así­ sea también en carreteras interdepartamentales, o internacionales. No sale del antisocial papel de rebasar, ajeno a que en modo alguno es de su exclusividad, con toda desfachatez, abuso y prepotencia.

Nadie puede inscribirse en la omisión de esos ilí­citos que ponen en riesgo la vida humana, algo más causan muertes valiosas por su condición de seres humanos. Pero el caos vial resultante de tantí­simo patán al frente del timón, cobra vigencia y mayores volúmenes en estas fechas.

La euforia propicia devenida de las conmemoraciones de fin y principio de año constituye el motor potente accionado por dementes del volane. Disuadir a los energúmenos de marras, ya casi es imposible. De qué manera las mentes previsoras, a cargo de las campañas aludidas, logran el entendimiento esperado.

Basta ya de tanta ví­ctima de accidentes automovilí­sticos abundantes, las estadí­sticas escalofriantes lo revelan. Tendrán acaso otro yo que les marque un alto al desenfreno imperante en la capital y el interior del paí­s. Todos hacemos votos por que en algún momento recapaciten.

Por igual la imprudencia manifiesta siempre terror. Igual actúan conductores de vehí­culos livianos como pesados en sus recorridos funestos. Empero, es en balde cualquier campaña preventiva para evitar accidentes, no se diga si dejan de implementarse al ver los resultados.