Campañas negras


Las campañas negras pretenden ridiculizar y subestimar a los polí­ticos.

La propaganda de radio, televisión y los discursos polí­ticos quedan relegados a un segundo plano para que las frases ofensivas y las campañas de desprestigio entre partidos se posicionen como una opción de los polí­ticos, al momento de convencer a los electores.

Javier Estrada Tobar
lahora@lahora.com.gt

Una clara muestra del ingenio guatemalteco se puede percibir en los medios de comunicación, desde los mí­tines hasta la internet, donde los polí­ticos señalan a sus adversarios haciéndolos parecer ridí­culos e incompetentes.

Sin efectos

El analista polí­tico Luis Linares, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), indica que las «campañas negras» son actos irresponsables de los candidatos que, a su vez, desprestigian la ya desgastada actividad polí­tica.

Sin embargo, los efectos de la difamación son mí­nimos, asegura Linares, ya que con los ataques infundados únicamente se victimiza al candidato al cual se dirigen las ofensivas y no se logra cambiar la decisión de los votantes.

Métodos alternativos

El representante del Colectivo de Organizaciones Sociales (COS), Orlando Blanco, estima que los ataques y señalamientos merman la credibilidad de los polí­ticos, asimismo, reconoce que los candidatos que no caen en este «juego antidemocrático» tienen un discurso más í­ntegro y propositivo.

Blanco refiere que en varias ocasiones, son los seguidores de los partidos quienes lanzan la información de forma particular, pero nunca consultan a las bases del partido o al equipo de campaña sobre los comunicados emitidos contra los otros partidos.

Así­ como anteriormente se utilizaban los volantes con información falsa en dí­as previos a los comicios, actualmente las campañas de desprestigio se lanzan por la Internet con cadenas de correos electrónicos y ví­deos en los que se presenta una extensa variedad de mensajes satí­ricos y ofensivos.

Ante la problemática, Blanco y Linares coinciden en la necesidad de concienciar a los partidos para que realicen campañas limpias, donde cada agrupación polí­tica presente sus mejores cualidades y no señale a los demás sus faltas.

«Es un acto condenable que solo lo utilizan los polí­ticos sin imaginación y no pueden ganar votos fundamentando sus propuestas con bases lógicas». Luis Linares.