Una de las vistas más lindas que han contemplado mis ojos, es ese camino, a ratos recto, a ratos curveado, que lleva hacia occidente. Quizá ese es uno de los alicientes que me hace en ocasiones decidirme a largarme un rato de este espacio de concreto, humo, fast food, policías de tránsito, en donde por razones de pura necesidad, vivo, sobrevivo.
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Los matices verdes, a ratos ocres contrastando con el cielo a uno y otro lado, las ventas de flores, de objetos de barro o de madera, las fruterías, todo se graba en la mente como un fresco armonioso, vivo, sugerente.
Así ha sido por años, tan sólo empañado en momentos como los actuales, en que el estado de algunos tramos en la carretera y el proselitismo exagerado y nada ecológico lo ensucian, lo van difuminando, empañando, acabando.
Y nosotros mismos contribuimos a eso, tirando por la ventana de los carros y de los buses desde tusas de un chuchito “porque son biodegradables”, hasta latas de aguas, bolsas de tortrix, botellitas de agua y todo aquello que ya no nos sirve.
Personalmente me enferma ver volar desde las ventanas, cual barriletes, todas estas cosas, hace poco de un auto tiraron un pañal desechable. Y luego, quienes venden en la carretera, que también tiran todo y dejan el espacio que ocupan para su venta como un pequeño basurero de camino.
Ni que decir de las camionetas que no sólo contaminan lanzando humo por sus escapes, sino que también bocinan, ponen el radio a todo volumen y cuyos choferes manejan endemoniadamente sin importarles los accidentes que puedan ocasionar. Lo mismo pasa en Los Encuentros y Cuatro Caminos, cuando ya de pintorescas, las ventas callejeras han pasado a ser nidos de moscas, pisos de basura y espacios ahumados.
Pero quizá lo más preocupante, es ver a niños pequeños vendiendo gasolina en galoncitos exponiéndose a morir sin que las autoridades hagan nada al respecto, más que comprarles gasolina para ahorrarse dinero.
Así las cosas, con tan sólo un poco de conciencia de quienes tienen a su cargo los gobiernos municipales, el Ministro de Comunicaciones, los políticos pues, porque aunque estén en el cargo no dejan de ser y hacerse propaganda. Con un poco de visión de quienes venden, de quienes compran, de todos los que gozamos de ese paisaje y nos servimos de la naturaleza para nuestra subsistencia, todo sería distinto, porque si sigue así se va acabar todo. Debería haber un control de caminos para multar a quien ensucie y a quien lo conduzca por permitírselo. Que el “progreso” que supuestamente trae mejores caminos, no traiga también más contaminación. Que la pobreza que orilla a esos niños a dejar la escuela no les traiga la muerte, mientras por la negligencia de sus padres y del Estado sostienen en sus manos los botes de combustible.